Era la hora de la vuelta, en la que todos inundan los andenes de Plaza Constitución y buscan el regreso desesperado a casa. Algunos miraban con asombro ese escenario armado de frente al público. Otros imaginaron un acto político. Pero cuando aparecieron los instrumentos, cuando el legüero de Camilo Carabajal empezó a percutir en el hall de la estación de trenes y la guitarra tronó sus cuerdas y la chacarera tomó por asalto la tarde de Constitución, todo supieron que algo más iba a pasar allí. Entonces frenaron su apuro para escuchar el homenaje a Adolfo Abalos, pianista, músico y compositor, profesado por Metabombo y por su hermano, el increíble Víctor Manuel “Vitillo” Abalos, que con sus 92 años bailó en el mes es que Adolfo hubiera cumplido 100 años.

En el mes de su centenario, el Ministerio de Cultura de la Nación, junto con el Ministerio del Interior y Transporte y el Plan Nacional Igualdad Cultural, organizó el jueves 21 de agosto una intervención artística sorpresiva en homenaje a Adolfo Ábalos, que alteró la rutina del hall principal de la estación Plaza Constitución. Metabombo, liderado por Camilo Carabajal, y Vitillo Ábalos junto a sus músicos Ariel Barreda (teclado), Juan Gramaglia (guitarra), Adrián Rotger (quena), y la bailarina Vanesa Ledesma le metieron tierra santiagueña a las baldosas de la estación. Sonaron “Carnavalito quebradeño”, “Agitando pañuelos”, “El alero” y “Chacarera del rancho”, clásicos del cancionero popular de los hermanos Ábalos, en memoria de Adolfo, su compositor e integrante fundamental. La gente, entusiasmada y sorprendida, cantó, acompañó con palmas, tomó imágenes con sus celulares, e, incluso, se acercó a bailar alguna zamba, gato, chacarera y hasta un hip hop, que interpretó un joven al ritmo de un carnavalito.

Adolfo nació en Buenos Aires el 14 de agosto de 1914, en la misma manzana que Enrique “Mono” Villegas (1913-1986) y que Aníbal Troilo (1914-1975), pero se convirtió en personaje emblemático de Santiago del Estero, provincia a la que viajó a los 24 años, y en la que rápidamente se convirtió en uno de los bastiones de la chacarera. Desde el liderazgo del conjunto familiar que desde 1939 compartió con sus hermanos Machingo (Napoleón Benjamín), Adolfo, Roberto Wilson, Vitillo (Víctor Manuel) y Machaco (Marcelo Raúl), el músico puso el toque de su piano al servicio de la música nativa generando un encuentro hasta entonces inédito.

“Fui uno de los primeros en introducir el piano, instrumento europeo, al folclore argentino. Yo digo: cuando toco el piano, al mismo tiempo toco el bombo y zapateo”, comentó alguna vez al evocar esa apuesta que fue capaz de adosarle colores a la música de raíz. Es que cualquier persona que se acerca al piano desde el folklore tiene que pasar por las obras de Abalos, que es una fuente pianística.

Zambas, chacareras, vidalas, bailecitos, bagualas, pala-pala, malambos, cuando y gatos, conforman la rítmica sobre la que los Abalos desplegaron una lograda mirada propia a la que Adolfo aportó cancionero inédito y mágico: “Agitando pañuelos”, “Nostalgias santiagueñas”, “Casas más casas menos”, “Zamba de los yuyos”, “Chacarera del rancho” y “El gatito de Tchaicovsky”.

La bailarina folclórica Nancy Gordillo fue la esposa de Abalos en segundas y juntos tuvieron cuatro hijos. Pero antes de que naciera la primera la pareja no se encontraba con el milagro de la concepción. Adolfo alzó la mano para escribir. “Ay si una guagüita pudiera tener uy qué feliz/uy qué feliz/pero como dicen que Dios proveerá/ya ha de venir, ya ha de venir”, anotó en “Chacarera del rancho”. Al año siguiente nació su primera hija Nancy María (cantante, percusionista y bailarina), a la que le siguieron Marina (pianista), Amilcar (percusionista, bajista y guitarrista) y Giselle.

Entre las distinciones que recibió y, más allá de las que mereció con los Hermanos Abalos, en 2005 obtuvo el Diploma al mérito de la Fundación Konex y fue declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Mar del Plata donde residió en los últimos años hasta su deceso el 12 de mayo de 2008.