Según las mediciones, quedan 225 mil hectáreas de bosques tropicales primarios o “intactos” que almacenan alrededor del 40% del carbono sobre el suelo que se encuentra en todos los bosques tropicales.

Según el relevamiento, la extensión global de los bosques intactos se redujo en un 7,2% solo entre 2000 y 2013. El estudio señala que “la tala directa de bosques tropicales primarios resultó en solo un 3,2% de las emisiones brutas de carbono de toda la deforestación en los trópicos”.

Sin embargo, cuando se tuvo en cuenta la contabilidad completa del carbono, “la tala selectiva, los efectos de borde y la disminución de los árboles densos en carbono y la caza excesiva de animales que dispersan semillas, la cifra se disparó por un factor superior a seis veces”.

El autor principal del estudio, Sean Maxwell, señaló que estos resultados “revelaron que la destrucción continua de los bosques tropicales intactos es una bomba de relojería para las emisiones de carbono“, y afirmó que “hay una necesidad urgente de proteger estos paisajes porque juegan un papel indispensable en la estabilización del clima”.

Tom Evans, coautor del informe, precisó que “el valor relativo de retener áreas de bosque tropical intacto aumenta si uno toma una visión a más largo plazo y considera el estado probable de los bosques del mundo para mediados de siglo, una fecha histórica en el Acuerdo de París”.

Los autores señalaron que “se necesita un análisis comparable para los bosques intactos fuera de los trópicos, como los bosques boreales de Canadá y Rusia, dado que aproximadamente la mitad o dos tercios de las extracciones de carbono en los ecosistemas intactos de la tierra ocurren fuera de los trópicos”.

La organización Greenpeace denunció que en 2013 los paisajes forestales intactos cubrían 11,81 millones de km2, localizados mayormente en Canadá, Rusia, Brasil, República Democrática del Congo e Indonesia, y que tristemente, están siendo destruidos o degradados por la actividad humana.

“Sin este servicio de limpieza global, el CO2 de las actividades humanas se acumularía en la atmósfera mucho más rápido que en la actualidad“, afirmaron Mawwell y Evans.