Garibaldi lleva ocho años como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y cuatro como director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (INRAD) en la sede Andina. El investigador acaba de ser premiado con el “Premio Estímulo” de la Fundación Bunge y Born, uno de los reconocimientos más importantes del área científica, que este año premió los aportes científicos del área de Ecología.

Su objetivo en la investigación, según explica, es desarrollar algo aplicado para el sector agropecuario, teniendo en cuenta que es el sector más importante de la humanidad: “Más de la mitad de la superficie terrestre son cultivos, animales, forestaciones, advierte.

Me fui a vivir a Río Negro porque me gusta vivir más en contacto con el entorno más natural. Y Bariloche es como un Silicon Valley de Argentina: es una ciudad no tan grande, en un entorno natural hermoso, con un montón de universidades y capacidades académicas. Acá hay físicos, biólogos, agrónomos forestales”, comenta Garibaldi, quien también tiene una fuerte vocación docente que mantiene desde hace 19 años de manera ininterrumpida entre la facultad y los cursos.

La investigación que Garibaldi encabeza en el sur del país consiste en aplicar conceptos de ecología a la agronomía. El área, diez años atrás, no tenía demasiado desarrollo ni aplicación, pero hoy está en plena expansión.

Dentro de la ecología también hay mucha tecnología, que se llama tecnología de procesos y se aplica para aumentar la productividad y promover un cambio en la manera en la que se produce para mejor”, explica. De lo que se trata su tarea diaria es de encontrar formas de producir alimento -soja, trigo, manzana, pera- sin destruir el medioambiente, sino alentando la biodiversidad: la diversidad de especies.

“Hoy, más producción implica más destrucción de la diversidad biológica, pero nosotros encontramos que contrario a lo que se piensa, promoviendo ambientes más saludables se puede producir más al mismo tiempo”, asegura.

Otro punto que promueve con su investigación científica es la rotación de cultivos y el control biológico de plagas.El concepto de plagas es un concepto asociado al monocultivo, donde hay una sola especie y se aplican siempre los mismos agroquímicos, de malezas, de bichos, en cambio del otro modo esas resistencias no están, los suelos no se degradan tanto sino que se recuperan. Eso permite pensar a gran escala, muchas veces incluso es reducción de costos, porque se aplican agroquímicos de más, muchas veces innecesariamente, por desconocimiento”.

El trabajo que realiza Garibaldi con su equipo es, en algunos casos, con productores: “Nuestro lema es producir más pero promoviendo la biodiversidad. Eso se llama intensificación ecológica, es un proceso inclusivo al que se pueden sumar los grandes productores, también los productores familiares, los pequeños productores, con pautas de una transición, año tras año. Porque acá no es una revolución de un día para el otro: el agro es un sector muy dinámico en Argentina, acá lo que tenemos que hacer es incorporar principios ecológicos a la producción agropecuaria”.

Aplicar tecnología de este tipo, según el científico, es urgente. “Ya no podemos esperar: la tasa de destrucción del medio ambiente y la pérdida de calidad de vida asociada está siendo muy rápida y fuerte”, asegura. orque las preocupaciones van cambiando”.