El glifosato es el tema. El herbicida que sirve para el control de las malejas de la soja está otra vez en el centro de la escena. Ahora, a partir de un instructivo que el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación distribuyó entre los productores sojeros. Allí recomienda que la distancia para la fumigación aérea con el agroquímico debe hacerse a más de 100 metros de distancia de las viviendas particulares.

La polémica quedó planteada desde el momento mismo de conocerse esa indicación, sobre todo porque toma una notable distancia -valga la redundancia- de los fallos judiciales en varias provincias (Santa Fe, Buenos Aires, Formosa, Salta, Chaco, Formosa), donde se prohíbe la fumigación a menos de 800 metros y, en algunos fallos, hasta se establece una distancia mayor: 1500 metros.

El documento, denominado “Pautas sobre aplicaciones fitosanitarias en áreas periurbanas” fue elaborado por el Ministerio de Agricultura de la Nación junto con la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID) y la Federación de Cámaras Agroaéreas, que agrupa a los propietarios de aviones fumigadores.

Enseguida encontró resistencia en varios sectores. El cuestionamiento más fuerte vino del lado de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam). Su titular, Raúl Montenegro, dijo que ese informe “carece de nivel científico, porque ignora por completo el conocimiento disponible sobre el efecto de los plaguicidas en la salud y los ecosistemas y facilita la contaminación de las personas”, según indicó en declaraciones al matutino Página/12.

Hay un antecedente fuerte sobre la distancia de las fumigaciones aéreas con glifosato y es, nada menos, que un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, que el año pasado aceptó una demanda de una familia de Alberti que solicitó que el máximo tribunal revise la distancia que tomaba su vecino, productor sojero, para la aplicación de glifosato vía aérea. La Corte provincial dijo que la distancia debe ser mayor a los 1000 metros, 10 diez más que lo planteado en el instructivo del Ministerio de Agricultura.

Un caso parecido ocurrió en Santa Fe, donde la justicia de esa provincia hizo lugar a una demanda de los vecinos de San Jorge, que denunciaron a un productor por la distancia en la aplicación con glifosato, lo que provocaba alergias, intoxicaciones y problemas respiratorios. La distancia que los jueces encontraron sensata para la fumigación con aviones fue de 1500 metros y 800 metros si se hacía por tierra.

A falta de una legislación provincial, son los Concejos Deliberantes de cada municipio quienes deciden sobre la distancia de las fumigaciones aéreas. En el caso de Alberti, donde la Corte de Buenos Aires falló a favor de imponer una distancia de 1000 metros, el Concejo Deliberante autorizó las fumigaciones a 100 metros de las casas.

Las empresas que fabrican el polémico agroquímico se defienden porque hablan de la inocuidad que presenta para la salud humana. Los aeroaplicadores dicen que esa actividad no es contaminante, aunque aceptan que puede producirse la “deriva” como llaman a las fumigaciones que se salen del lugar a fumigar y van a parar a las viviendas particulares, pero que eso puede deberse a una mala aplicación o a los vientos.

Así las cosas, quedó instalada la polémica una nueva polémica por el famoso herbicida. Y, a juzgar por lo controversial del tema, no parece ser la última.