“El clorpirifos está en el podio de los insecticidas más aplicados aunque provoca daños graves en la salud“, indica el artículo de Patricio Eleisegui -autor de Envenenados y Agrótóxico– sobre este producto que, junto a otros como el herbicida glifosato, es un “enorme responsable de la tragedia sanitaria que sufren los pueblos fumigados del interior”.

“La medida se irá implementando de manera paulatina. En una primera etapa se prohibirá la importación de principio activo y productos formulados a base de clorpirifos”, indicaron las voces consultadas por Economía Sustentable. “Luego se prohibirá su elaboración en el país y, por último, la comercialización. Se estima que todo el proceso abarcará poco más de un año, pero ya está en marcha”, añadieron.

El camino al veto -indican- surge del resultado de “nuevos estudios referidos a la toxicología de la sustancia”,  algo previamente denunciado hasta el cansancio por colectivos ambientalistas, vecinos de zonas afectados por las fumigaciones, médicos provinciales y científicos nacionales.

“La revisión generó nuevos resultados en el proceso del análisis de riesgo al consumidor concluyendo que es necesario restringir los usos aprobados a través de la prohibición del clorpirifos”, informaron las fuentes a Economía Sustentable, que agregó que la medida tiene como disparador el temor a que, por la letalidad comprobada del veneno, la Unión Europea comience a rechazar las exportaciones agrícolas de la Argentina.

Décadas de veneno

El clorpirifos es un organofosforado que irrumpió en la escena del campo durante los años 60. Hoy por hoy, es pulverizado en casi 100 países sobre medio centenar de cultivos diferentes. El tenor de su toxicidad originó condenas legales en años recientes.

Por citar un caso, Dow, desarrolladora del veneno, fue multada en 1995 y 2003 por ocultar casi 250 casos de intoxicación con ese plaguicida sólo en los Estados Unidos.

Ya en 2011, un estudio concretado por la universidad norteamericana de Columbia vinculó al insecticida con numerosos casos de niños afectados con retrasos mentales y físicos en zonas cercanas a Nueva York.

Perfil ultra tóxico

En agosto de 2018, la Justicia estadounidense activó una prohibición de venta del producto tras informar que la exposición al agrotóxico provoca daño neurológico –sobre todo en niños–, y motiva desde la pérdida de inteligencia hasta cambios en la conducta. También se indicó que, incluso a dosis bajas, puede generar trastornos como el autismo.

La demostración de la tragedia sanitaria que origina el uso de clorpirifos, tal como se comprobó en Estados Unidos, adopta un tono más dramático en cuanto se devuelve la vista hacia la Argentina.

En concreto, se trata del insecticida más difundido en la producción agrícola en general. “Se utiliza en formulaciones de insecticidas para frutas, verduras, granos y jardín”, reconocieron ante Economía Sustentable desde el entorno del SENASA.

Residuos de clorpirifos han sido constatados en sendas experiencias científicas llevadas a cabo por equipos de especialistas de la Universidad de La Plata y el CONICET liderados por el doctor Damián Marino.

Desde muestras de agua recabadas en cuencas de la talla del río Paraná hasta producciones de frutas y verduras monitoreadas por el mismo organismo oficial, el agrotóxico ostenta una presencia que no conoce límites.

A tono con esto, su comercialización se encuentra tan liberada que hasta hoy resulta muy sencillo adquirir formulaciones de clorpirifos a través de portales de comercio electrónico como Mercado Libre.

Fuente: Economía Sustentable