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Revista el Federal - Actualidad - nota

Agrotóxicos: El gobierno no establece distancias preventivas de aplicación

Bergman, Barañao, Rubinstein y Etchevehere presentaron los "principios y recomendaciones" para la aplicación de agrotóxicos de manera "sostenible y sustentable", pero no establecen las distancias preventivas necesarias para proteger la salud.

Los ministros de Ambiente, Ciencia, Salud y Agroindustria del Gobierno Nacional demostraron desconocer el significado del término “deriva, la denominación técnica del fenómeno del movimiento de plaguicidas en el aire tras una aplicación aérea o terrestre, algo que sucede cotidianamente en los pueblos fumigados de nuestro país, donde hasta los chicos saben de qué se trata, porque ven que “envenenan el viento”.

El mes pasado, Sergio Bergman, Lino Barañao, Adolfo Rubinstein y Luis Miguel Etchevehere presentaron un documento con principios y recomendaciones para la aplicación de “fitosanitarios” de manera “sostenible y sustentable”, los cuales favorecen el uso indiscriminado de estos.

La aplicación de agrotóxicos implica necesariamente tener en cuenta distancias mínimas (en algunos casos de hasta dos mil metros) para proteger la salud de quienes habitan los pueblos o centros urbanos cercanos a los campos. Así y todo, los ministros no establecieron estas distancias preventivas.

El Gobierno quiere que sean los productores y las empresas quienes controlen las fumigaciones, y además pretende que se enseñe en las escuelas sobre las “ventajas” del uso de agrotóxicos, pero en escuelas como la Escuela Rural Nº 11 de San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, los chicos hacen dibujos como estos:

“No se puede fumigar en la escuela porque puede que se enferme a los chicos y a la maestra y a los maestros y contamina el agua, contamina la tierra y mata a los animales”, explica este dibujo realizado luego de un episodio en que la escuela fue fumigada con el peligroso veneno 2.4D y los chicos terminaron en el hospital.

En los pueblos fumigados abundan los casos de alergias, problemas respiratorios y neurológicos, malformaciones congénitas, abortos espontáneos, cáncer, o la muerte, como consecuencia de un modelo de agroproducción que hace uso y abuso de agrotóxicos como el glifosato, el herbicida que la agricultura argentina utiliza en una cantidad de más de 200.000 toneladas anuales, el herbicida protagonista de más de 830 investigaciones científicas nacionales e internacionales que evidencian las enfermedades que puede ocasionar y su enorme impacto ambiental.

El Gobierno ignora el concepto “deriva”, pero impone un concepto creado por los empresarios del agro: “Buenas prácticas agrícolas”, como si fuera posible, sin distancias preventivas, envenenar con responsabilidad.

Por Matilde Moyano