El Fondo Nacional de las Artes es un ente autárquico que depende funcionalmente de la Secretaría de Cultura. La designación es una facultad de la Presidencia de la Nación, con el aval del secretario de Cultura. El Fondo está compuesto de un directorio de doce miembros, también designados desde Presidencia, una especie de gran equipo de asesores para las diferentes áreas que el organismo desarrolla. Fue el ex titular del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, Jorge Nun (hoy ocupa ese cargo Jorge Coscia), quien sugirió al licenciado en economía Héctor Valle para suplantarlo en el cargo desde 2005. El cargo es ocupado casi siempre por un funcionario del sector de la economía. Parece incierto, o al menos desorienta, tratándose de lo reñido que puede estar alguien vinculado a los números con las expresiones culturales. Valle saca de rabo todo tipo de duda. “El Fondo es una especie de tipo de banco, diría sí que un pequeño banco, pero banco al fin, sin fines de lucro. La función esencial de la identidad es apoyar financieramente a los actores culturales. El Fondo cuenta con un presupuesto de 18 millones de pesos por año. Valle está cursando su segundo mandato al frente del Fondo.
– ¿Cómo se hace realidad el apoyo para los artistas?
– Con préstamos a tazas subsidiadas. Es al 9% anual sin gastos, sin ajustes y hasta 120 cuotas.  Tenemos tres categorías: préstamos personales, préstamos hipotecarios y préstamos para industrias culturales. Para el personal hay que tener un garante o un co-deudor y para el hipotecario, lógico, se hace una hipoteca. Generalmente se trata de artistas que quieren hacer su atelier o, por ejemplo, profesores de teatro que quieren ampliar la capacidad del espacio con el que cuentan o gente que dicta talleres literarios.  Originalmente esos eran los objetivos centrales del Fondo, con el paso de los años se fueron incorporando otras modalidades en el apoyo económico: los subsidios. Los préstamos son sólo para personas, los subsidios para entidades. Esa entidad debe cumplir una serie de requisitos: debe ser una entidad sin fines de lucro, debe estar inscripta en el Cenoc (Centro Nacional de Organizaciones de la Ciudad), además deben contar con un estatuto y presentar balances. Hay una tercera categoría de apoyo económico que son las becas grupales. Si hay tres o cuatro jóvenes que necesitan mejorar una técnica de aprendizaje o ir a una clínica de teatro, por citar los ejemplos más cotidianos, pueden presentar un proyecto que toma la comisión respectiva.  Entre las becas grupales y los subsidios también hay una categoría intermedia que son los subsidios para cooperativas teatrales. A ellos no les exigimos tantos requisitos ¿Por qué? Porque  las cooperativas no las tienen. En general las becas teatrales son actores que se juntan para montar una obra y nosotros los apoyamos.  Las cooperativas teatrales son nuestros principales clientes: estamos montando con ellos casi doscientos cincuenta obras por año. Son generalmente grupos amateurs que sin este tipo de apoyo les resultaría casi imposible hacerlo. Con el dinero del Fondo, del Instituto del Teatro y con algo del municipio avanzan. También contamos con concursos, en fin, el Fondo, como se ve, presta todo tipo de apoyo.
– ¿Cuál es la función del Fondo?
– La función del Fondo es permitir poner en valor el patrimonio cultural. Una forma es financiando la actividad, la otra es permitir hacerla ayudando a capacitarse. Tenemos dos o tres proyectos de larga data, es importante destacar esto en una revista como El Federal, porque nosotros todos los años invitamos a que cuatro o cinco provincias durante un mes a cada una para que expongan en la Casa de la Cultura sus trabajos en artes plásticas, gastronomía, artesanías, literatura, música, etc. Este año nos van a visitar La Pampa, Neuquén, Córdoba y San Luis. Es muy importante que vengan acá y muestren sus trabajos, pero mucho más importante es que se reúnan con los directores de cada área del Fondo, ya que eso nos permite detectar cuáles son las carencias que tienen. Así les ofrecemos capacitarlos con algunas clínicas in-situ.   
– ¿Cuál es el sector que mayor espacio demanda?
– Los que se dedican a medios audiovisuales. Pero nosotros sólo podemos darle espacio a los cortometrajistas, todo lo demás le corresponde ocuparse al Incaa.  Son cosas que vienen de largo aliento, como lo que hacemos en la Casa de la Cultura. Todos los martes le brindamos espacio a los artistas del folklore; los sábados a la música clásica. Pueden acercarse todos porque es con entrada libre y gratuita.
– ¿Usted programa todo?
– Lo hacemos con los directores de cada área. Hay de artes plásticas, de literatura, de teatro, dos de medios audiovisuales y de folklore. En literatura tenemos a Ana Hecker y a Luis Chitarroni y en folklore a Juan Falú. Pero vamos variando. Tengo un equipo con mucha categoría, conocen mucho.
– El Fondo no parece tener mucha difusión, ¿se trata de un ente anclado?
– Para nada. Me gustaría destacar que no es así. Estamos desarrollando una investigación sobre la evolución del arte plástico de vanguardia en los diez primeros años de este nuevo siglo. La gestión anterior lo había hecho con las artes plásticas en la década de los noventas, que se radicó en la actividad que desarrolló el Centro Cultural Ricardo Rojas. Este año tuvimos un objetivo un poco más amplio: la obra de más de doscientos artistas, de los cuales muchos son del interior, que se puede ver reflejada en un libro muy lindo que vendemos en el Fondo. Hicimos la presentación hace dos semanas en la Biblioteca Nacional.  Estamos preparando para agosto otro trabajo de características similares sobre literatura argentina. También vamos a editar dos cd’s, en cada entrega de tres volúmenes, con el material musical de los artistas que se presentan en la Casa de la Cultura, en general tango y folklore.  También editamos un trabajo sobre puesta en escena que estuvo a cargo de la curadora Olga Cosentino. Yo diría que más que estar anclados estamos llegando a buen puerto (risas).
– Además del presupuesto que le otorgan, ¿cuentan con recursos genuinos?
– Sí, pero son administrados por la Secretaría de Hacienda. Aunque el Fondo recaude 20 millones al año no me dejarían gastar más que los 18 asignados.
– ¿De dónde salen esos recursos entonces?
– Nosotros cobramos los derechos de autor de aquellos autores que murieron hace más de setenta años. Vale decir que cuanta ópera se represente en Buenos Aires, nos corresponde cobrar el derecho de autor. No es tan sencillo, hay mucha evasión. Lo hacemos por Argentores y Sadaic y Aadi-Capif.  Le dedicamos mucho tiempo a eso, todos tienen que pagar derechos totales o parciales. Por ejemplo si usted representa Aída, tiene que pagarnos un porcentaje del borderó, el porcentaje cambia si la obra representa a la original o si es una adaptación o está inspirada en ella.
– Usted fue funcionario de Néstor Kirchner y de CFK, ¿hubo diferencias?
– No, y no me puedo quejar de ninguno de los dos. Me dieron plena libertad. Además, el Ejecutivo participa de las reuniones de directores con su delegado. Es un colaborador más. Este Fondo también tiene muy poco que ver con el del gobierno de Menem, que estaba a cargo de Amalia Fortabat: tenían una idea estética distinta, ni peor ni mejor que la nuestra. Diría más convencional: ahora le damos mucho espacio al vanguardismo.