Desde el punto de vista de la sustentabilidad y racionalidad del sistema de distribución eléctrica, invertir en mejorar la calidad térmica de las viviendas es la mejor solución a largo plazo, según Luis Eduardo Juanicó, investigador independiente del CONICET en el Centro Atómico Bariloche (CAB) de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

Las casas argentinas se construyen sin aislamiento térmico, se podría decir que estamos viviendo en carpas de cemento con aire acondicionado. Por ejemplo, una pared de cemento que mira al norte, sin aislar, un día de calor puede llegar hasta los 50 grados y es por eso que la gente siente que colocando el aire a 24 grados no le alcanza. El problema es que aunque lo pongan 18 grados, no van a lograr una situación de confort porque, amén del enfriamiento recibido desde el aire circundante, la pared los está calentando por radiación infrarroja”, grafica el investigador.

Aislar térmicamente las viviendas no sólo mejoraría la calidad de vida de la población, sino que además no resultaría tan oneroso, en relación a las mayores inversiones requeridas en el sistema de distribución eléctrico y al costo global de las viviendas. “Poner una capa de aislamiento térmica de 5 centímetros de lana de vidrio cuesta sólo 50 pesos el metro cuadrado y puede bajar la temperatura de la pared hasta 20 grados. También sería útil volver a pintar los edificios a la cal como se hacía antiguamente o con pinturas reflectivas. La mayoría de las pinturas modernas por el contrario, lo que hacen es absorber el calor”, argumenta Juanicó.

Estas modificaciones podrían contribuir a reducir el consumo eléctrico los días de calor así como la calefacción en invierno. Invertir solamente en reforzar la red eléctrica sin mejorar al mismo tiempo la calidad térmica de los hogares, a la larga no terminaría solucionando el problema. “Nosotros queremos resolver todo a través de sobredimensionar la red eléctrica, lo cual es una muy mala idea. Mientras no hagamos algo por aislar térmicamente las viviendas, la demanda de energía se va a continuar incrementado y los problemas van a persistir”, afirma.

“En comparación con el precio promedio de mercado de un departamento nuevo se podría mejorar notablemente la calidad térmica con la cual se construye aumentando la inversión menos de un 1 por cierto. De esta forma el sistema eléctrico se beneficiaría globalmente, tanto en lo que respecta a la red de distribución -con lo cual mejoraría la confiabilidad que le provee al usuario-, como en el parque generador –al reducir las horas de encendido de las usinas menos eficientes, empleadas para cubrir la demanda en horas pico. Creo que el cambio real empezará cuando todos tomemos consciencia de que podemos construir una cuidad mas sustentable”, afirma Juanicó.