Un equipo de investigadores del CONICET liderado por Sergio Ovruski estudia el desarrollo de tecnologías de control biológico de la ‘mosca de la fruta’, una de las plagas que más afecta a las frutas desde el norte de nuestro país hasta la provincia de Neuquén y de este a oeste. 

En el país hay dos especies de este insecto que son de importancia económica y cuarentenaria porque atacan las economías regionales e impiden la exportación. Se trata de Ceratitis capitata y Anastrepha fraterculus. La primera es una especie exótica de la zona del Mediterráneo, originaria de África que ha invadido toda América, desde el Norte al Sur. La segunda es de origen sudamericano y se encuentra desde México hasta la Argentina. A pesar de que en algunas provincias su presencia está controlada, en la mayoría representa una amenaza para los productores que deben recurrir a distintas técnicas para el control de las plagas que aumentan los costos de producción y disminuyen la calidad de los frutos.

Mediante el empleo de enemigos naturales como agentes biocontroladores, los investigadores buscan combatir este insecto, “un díptero que tiene la particularidad de que sus estados inmaduros se desarrollan dentro de un fruto. El adulto se apoya en el fruto y pone huevos dentro de él. De ellos sale una larva que pasa por distintos etapas de desarrollo y que va alimentándose de la pulpa de la fruta y el resultado es que se pudre y termina cayéndose. En el último estadio la larva sale del fruto y empupa en el suelo que es donde se produce la metamorfosis hacia el adulto y empieza un nuevo ciclo que dura aproximadamente 45 días, dependiendo de la especie y condiciones ambientales”, explica Ovruski.

“Lo que proponemos es la utilización de himenópteros, que son unas avispas parasitoides muy pequeñas que atacan las fases inmaduras de la mosca –huevos, larva y pupa-. Estas avispas atacan de forma específica a la mosca de la fruta, es decir que no van a atacar a las personas ni afectar a otros organismos benéficos. Las poblaciones se autorregulan. Si existe una alta población de moscas, también lo habrá de avispas. Lo ideal es iniciar la liberación de las avispas en la primera etapa de aumento de la mosca, es decir en septiembre-noviembre”, aclara el investigador Segundo Núñez Campero.

Por su parte, Pablo Schliserman, miembro del equipo de Ovruski  explica que “hay algunas moscas que no son de importancia económica porque atacan frutos que no se comercializan, frutos nativos que el común de la gente no conoce. Desde el punto de vista económico estas moscas no tendrían importancia pero si la tienen desde el ecológico porque podrían actuar como reservorios de enemigos naturales.”

Los científicos destacan que lo interesante de este método es que se puede utilizar de forma integrada con otros, es decir que se puede sumar a otras técnicas de control biorracional como el control autocida que es la liberación de moscas estériles para combatir la especie, la utilización de insecticidas orgánicos que se desarrollan a través de toxinas de hongos o el trampeo masivo en combinación con métodos culturales, que implican la planificación previa dentro del proceso normal de la producción agrícola. 

El manejo integrado de plagas es una alternativa eficiente al método tradicional que consiste en la utilización de cebos tóxicos (un atrayente alimenticio con un potente veneno), cuyo uso se está prohibiendo en algunos países. El control biológico de las moscas de la fruta mediante el empleo de enemigos naturales como las avispas disminuye costos de plaguicidas y reduce el efecto ambiental que produce su uso, que afecta la salud de las personas que hacen las aplicaciones y a otras poblaciones de animales que no son el objeto del control, y por lo tanto se produce un desequilibrio ambiental. Es un método amigable con el medio ambiente y con la salud del hombre.