Los cambios se suceden a una velocidad asombrosa. Hoy, la Argentina es reconocida en el mundo por Lionel Messi y por la producción de soja. Antes lo era por Maradona y por los gauchos. Pero si hay algo que no cambió es que el argentino sigue teniendo una relación estrecha con el caballo. Es un vínculo histórico, que sigue presente en el imaginario popular. En la provincia de Corrientes, los menchos o gauchos siguen vivitos y coleando. Ellos trabajan siguiendo las mismas costumbres que en el pasado y son buscados en todo el país por su buena mano para tratar a los animales. ¡El mencho correntino es el Messi de las tareas rurales! Y así se lo vio en la “Fiesta del Peón Rural” de Concepción del Yaguareté-Corá, una pequeña localidad ubicada en las puertas de los Esteros del Iberá. El paisano correntino tiene características que lo hacen único en el mundo y vaya que vale la pena conocerlos.

Extensiones de la naturaleza. La camioneta parte de Mercedes bien temprano. No hay nubes y es una mañana perfecta de otoño. Se hace una parada breve en el Gauchito Gil, se le prende una vela, y se sigue viaje. Se ven algunos montes de ceibos y campos con rastrojos de arroz. Esta zona es arrocera por excelencia. Pronto, los arrozales dan lugar a campos forestados con pinos y eucaliptos. Y ahora, hay que frenar porque dos paisanos atraviesan la ruta arreando unas 20 vacas. Hoy nos acompaña Felipe Domínguez Irigoyen, un veterinario de 32 años. Domínguez se muere antes que tomar un mate cebado por un porteño y consulta las novedades de las redes sociales en su teléfono móvil. Es el guía ideal.
En Corrientes es común ver a los menchos trabajando a toda hora. Es que un 70 por ciento de la superficie de la provincia se destina a la ganadería. Corrientes tiene 8,8 millones de has. y poco más de 6 millones son ganaderas. El resto está ocupado por esteros, ríos, lagunas y en menor medida, por agricultura y forestación. En Corrientes viven 1 millón de personas y 5 millones de cabezas de ganado bovino. Es decir que hay cinco vacas por persona. Corrientes pasó a ocupar la tercera posición en stock ganadero del país, detrás de Buenos Aires y Santa Fe, con posibilidades ciertas en 2013 de pasar al segundo lugar, por el mencionado corrimiento de la frontera agrícola hacia zonas marginales. Se trata de una provincia de tradición ganadera.
El mencho correntino tiene una fuerte relación con el paisaje que lo rodea. En las islas del Paraná, se lo vio meterse a caballo en el agua y nadar agarrado de las crines. También se lo vio internarse en el monte, en medio de la isla. El correntino avanza a caballo haciendo “chapa-chapa” en los bañados en medio de una nube de mosquitos. En la isla, su principal herramienta de trabajo es el machete. Lo usa para abrir picadas en el monte, para cortar un pedazo de asado o para arreglar un alambrado. Cuando encuentra la hacienda y empieza a arrearla entre los pajonales, empieza a gritar como poseído. Esos gritos parecen salidos del monte y de los humedales… Deben tener que ver con el sapucai, y con las raíces guaraníes. A pesar de vivir en un ambiente áspero por clima e insectos, el peón correntino trata a los animales con suma delicadeza. Nunca maltrata a los caballos, ni apura a la hacienda.
Ahora la camioneta avanza por un camino arenoso que une Chavarría con Concepción del Yaguareté-Corá. Casi todo el viaje es a través de campos forestados. Concepción es un pueblito bien paisano. Es un fin de semana de fiesta: se celebra la Fiesta Provincial del Peón Rural y han llegado las máximas autoridades de la provincia, el gobernador Ricardo Colombi, incluido.

Dime cómo vistes y te diré quién eres. En el atuendo del correntino se destacan los colores. El mencho puede tener pilchas especiales para el día de fiesta. Así, se lo ve desfilar con botas flamantes (que nunca pisaron el campo) y con una camisa bien planchada. Usa cinto de rastra para sostener las bombachas, pañuelo y sombrero. El sombrero es una pieza fundamental, teniendo en cuenta que en verano es común que las temperaturas superen los 40 grados. 
Los colores de los pañuelos identifican a las personas como si fueran las camisetas de un equipo de fútbol. Color rojo, pertenece al partido autonomista (famoso por Romero Feris). Color azul, identifica a los liberales (como Leconte). Color verde es radical, blanco peronista. Otra variante de los colores tiene que ver con la adoración religiosa. El rojo puede ser adorando al Gauchito Gil y el azul a la Virgen de Itatí.
Las mujeres saludan dando un beso en cada mejilla, a la europea. Tienen chispa y buen humor. Los hombres son de pocas palabras, aunque también tienen risa fácil y en cualquier momento pegan uno de los alaridos. Es un pueblo alegre, que contagia.
En el campo, el mencho usa alpargatas o anda descalzo. También usa polainas, guardamonte (suele ser multicolor) y tirador (cuero enrollado). El cuchillo y la chaira son infaltables.
Epifanio Sotelo (45) cuenta que se crió en los esteros. Es el segundo de nueve hermanos. Durante toda su vida se dedicó a “moriscar” (cazar) para poder vivir. También trabajó como peón en distintos lugares de la provincia. Pero hace 4 años, su vida cambió por completo. Sotelo pasó a trabajar como guardaparque provincial en los esteros. Vive en el paraje Yahaveré, un verdadero paraíso. “Conozco muy bien la región y sé manejarme de día y de noche. Además conozco la caza. Por suerte, hoy existen otros medios de vida. Muchos de nosotros nos dedicamos al turismo casero, como le decimos, y paseamos turistas en lancha o en canoas a remo”, comenta. Durante el viaje a Yahaveré se aprecian todo tipo de aves y hasta se ven yacarés. Además, hay que frenar para no pisar a los carpinchos que comen en el camino. Es un paisaje rústico y especial. Nos acompaña el Ing. Agr. Rubén Ángel, docente la tecnicatura de forestación de Santa Rosa.
Los paisajes de Corrientes permanecen casi vírgenes. Es que la producción de carne se basa principalmente en la utilización de pasturas naturales, de crecimiento primavero-estival. La ganadería correntina se caracteriza por la extensividad de sus sistemas productivos, con escasa participación de las pasturas cultivadas y de otras fuentes de alimentación complementarias a la oferta forrajera de los campos naturales. La quema de pastizales es habitual, para obtener verdeos nuevos, más tiernos y nutritivos. En forma histórica, los campos fueron de cría. Por año, la provincia vendía un millón de terneros para ser invernados (engordados) en otras provincias. Hoy se trabaja para pasar realizar el ciclo completo.

Vigentes. Víctor “Chuli” Vallejos (25) es jinete desde los doce. Pertenece a la Agrupación Gaucha “Yaguareté-Corá”. La agrupación tiene unos 30 caballos bellacos para jineteadas. Chuli va a subir en un rato y está motivado. Cuenta que la forestación avanza en la zona y que va a acorralando a los paisanos. “Cuando no nos queda otra, dejamos el caballo y nos pasamos a su bando.” Al respecto, el veterinario Oscar Lezcano explica que la forestación se da en campos altos y la ganadería en los bajos. Dice que se opone al monocultivo y que una posibilidad es la variante silvopastoril, en la que conviven forestación y ganadería.
El correntino no se hace problema y prepara un asado a la vara en cuestión de minutos. Atraviesa un pedazo de carne en una rama, prende un fuego y matea tranquilo. Mientras, deja que el asado se haga solo. La carne se desgrasa y queda delicioso. ¡Gracias a la Agrupación Gente-Porá de Corrientes! En la fiesta del peón rural se prueba además locro, asado con mandioca, mbaipy (guiso de maíz, polenta o harina). 
Después de una siesta, Gustavo Aguirre (45), intendente de Concepción del Yaguareté-Corá, sorprende a El Federal paseando por el pueblo. Aguirre para su auto y nos traslada al predio de la fiesta. En el predio suena un chamamé rabioso y la gente no para de zapatear. Un poco más tarde, empieza a caer el sol. El senador Sergio Flinta saluda con un apretón de manos. El hombre tiene buen porte, es fuerte y mira a los ojos. Su familia tenía campo en la zona y conoce a los menchos de toda la vida. Flinta los describe así: “El mencho es muy conocedor de la naturaleza. Tiene un enorme instinto y se mueve en el agua y los pajonales con total soltura. A la noche tiene una vista envidiable para avanzar por los esteros. Además, su sentido de la orientación es de locos: como si tuviera un GPS adentro. El mencho es un hombre curtido. Es de pocas palabras, aunque de risa fácil. En la zona de Concepción habla un guaraní ancestral, enclavado en los esteros. El mencho es una prolongación de su hábitat y su hábitat son los esteros”.