Por Leandro Vesco / Fuente: La Voz

Los protectores del medio ambiente ganaron otra batalla en Córdoba, que se constituye en una provincia ejemplar en cuanto a la protección y el cuidado de su entorno natural. La inversión que la empresa Syngenta tenía previsto realizar desde hace tres años en esta ciudad cordobesa no se llevará a cabo. Así se lo confirmó el presidente de la compañía suiza para Latinoamérica Sur, Antonio Aracre. De esta forma, la instalación de una planta para procesar y acondicionar semillas de maíz y de girasol quedó descartada. 

La principal razón para desactivar el proyecto fueron los inconvenientes que tuvo Monsanto para lograr construir una planta similar en Malvinas Argentinas, esa pequeña localidad que fue noticia en todo el mundo por su férrea oposición a la instalación de una planta de la multinacional.

La inversión de Syngenta se perdería en el cinturón maicero y se reorientaría hacia Zárate, provincia de Buenos Aires, donde la compañía llevará adelante una fuerte apuesta para la producción local de defensivos agrícolas, en particular herbicidas, dentro de su diversificada paleta para la industria agrícola.

“Tuvimos mucho tiempo en contacto con las autoridades de Villa María, que era el lugar donde íbamos a implementar el proyecto y, en función de las experiencias de Malvinas Argentinas (el hasta ahora frenado proyecto del semillero de Monsanto) concluimos con las autoridades de que no era el mejor momento para abrir un foco de conflicto, en un lugar donde no se terminaba de entender bien de qué se trataba lo que se pretendía invertir”, sostuvo Aracre. 

El directivo de la multinacional estuvo ayer en Córdoba, durante el lanzamiento de dos nuevos herbicidas para los cultivos de soja y de maíz. Sobre la sensibilidad que genera en una parte de la sociedad urbana la radicación de inversiones vinculados con la biotecnología, Aracre admitió que no se está haciendo lo suficiente para revertir ese descreimiento. Lo que para la empresa es una falla en la comunicación para los ambientalistas es una verdad incuestionable: la biotecnología aplicada al manejo de semillas y a los agroquímicos, genera descontroles naturales y muchas veces provocan el envenenamiento de habitantes de pequeños pueblos o alumnos en escuelas rurales que se ven afectados por el mal uso de estos elementos altamente nocivos.

“Me preocupa que no nos estamos ocupando del problema. Siento que todos los que somos responsables de hacer que la sociedad comprenda los beneficios de la tecnología no estamos haciendo lo que debemos hacer”, observó. El 5 de junio de 2012, la compañía Syngenta anunció su decisión de invertir en el país 225 millones de pesos en la construcción de una nueva planta destinada a procesar y acondicionar semillas de maíz y girasol. El anuncio, que contemplaba otros desembolsos por cerca de 800 millones de pesos, fue realizado a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por el CEO global de Syngenta, Mike Mack, durante una audiencia en la Casa de Gobierno. De ese encuentro también participó Aracre.

Días antes, en Washington, la Presidenta había escuchado de boca de los directivos de Monsanto la intención de radicarse en la provincia con una planta de semillas de maíz, por un valor de 1.600 millones de pesos, junto a otras inversiones en centros de investigación, uno de ellos en Río Cuarto, que no contó con la autorización del intendente de esa ciudad, Juan Jure, pese a que sólo se trataba de una instalación para realizar etapas de un proceso de investigación sobre semillas y no de procesos agrícolas o industriales.

Lejos de abandonar su estrategia de invertir en el país, Syngenta ha decidido migrar su proyecto original hacia la sustitución de importaciones de productos para la protección de cultivos (fungicidas e insecticidas). “Hay un polo químico ya instalado en Zárate, donde la sociedad conoce de qué se trata y lo valora, entonces el proyecto migró más hacia la sustitución de importaciones de productos para la protección de cultivos. Estamos trabajando en ese proyecto y la posibilidad de instalarnos ahí”, adelantó el titular de Syngenta en la región.

En los últimos días, Syngenta y Monsanto volvieron a ser noticia a nivel mundial, a partir de la oferta que la estadounidense hizo para adquirir a la europea en 47 mil millones de dólares. El ofrecimiento, el segundo que Monsanto realiza desde mayo pasado cuando había ofertado 45 mil millones de dólares, fue desestimado por los accionistas de Syngenta. La fusión daría lugar a la compañía más grande de biotecnología en el mundo. El monopolío será un hecho, pero ejemplos como los de Córdoba dejan entrever una luz de esperanza y un camino a seguir para frenar la manipulación genética en semillas y la proliferación de agroquímicos cada vez más contaminantes.