Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) iniciaron un estudio para determinar si hay contaminantes orgánicos en las aguas de la laguna La Brava, partido de Balcarce, con el fin de emitir un sistema de alarma temprana por las potenciales problemáticas que puedan relacionarse al consumo de peces como el pejerrey.

La Licenciada en Ciencias Biológicas Mirta Menone, presidenta de la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (Setac) en Argentina, investiga y analiza la presencia de contaminantes orgánicos como los agroquímicos en ecosistemas acuáticos, principalmente de agua dulce, por su cercanía a las zonas de aplicación.

Se trata de una investigación que se realiza no solo analizando las concentraciones ambientales sino en el laboratorio a nivel suborganismo, es decir, a nivel celular, cromosomas, ADN y genotoxicidad, que “es el efecto dañino de contaminantes ambientales sobre el material genético, provocada no sólo por pesticidas sino también, por agentes físicos como la radiación ultravioleta del sol, entre otros. Estos efectos son alteraciones a nivel celular de los organismos, en su información genética y, por ende, en el ADN pudiendo desencadenar por ejemplo enfermedades como el cáncer“.

Estas investigaciones a nivel suborganismo son importantes porque funcionan como un sistema de alarma temprana. “Se trata de captar las primeras manifestaciones de contaminación en el ambiente, a través del estudio de diferentes biomarcadores como la mencionada genotoxicidad o el estrés oxidativo, y como los organismos pueden ser afectados por la presencia de agroquímicos, sin la necesidad de esperar a que se encuentren mayores concentraciones capaces de causar daños extremos o irreversibles”, explicó la investigadora.

Menone indicó que los pesticidas que se investigan en el país, “en un primer momento se consideraba el Endosulfan, pero a partir del 2013 se prohibió su uso en Argentina y en el mundo y ahora se investiga el Imidacloprid, un producto relativamente nuevo, capaz de disolverse en agua y hallado aún en bajas concentraciones en el ambiente”, pero que diferentes estudios comprobaron que provoca efectos de colapso en colmenas de abejas y de otros polinizadores silvestres.

Otro compuesto es el Azoxystrobina, que es un fungicida muy poco estudiado en Argentina y en el mundo pero es el que tiene mayor presencia dentro del ambiente estudiado. Lo que se busca son concentraciones relevantes de estas sustancias en el ambiente. Es decir, cuanta cantidad real existe, para luego investigar en el laboratorio los efectos en una planta o en un pez en función de estas concentraciones”.