El fenómeno de las crecidas en el río Paraná trae aparejados diversos problemas para la ciudad. Al incesante subir del caudal del río, se le suman los camalotes que contienen nuevas amenazas para los vecinos de la ciudad: los bichos de fuego.

Este insecto debe su nombre a sus colores (negro y rojo o naranja) y está recubierto por un líquido que causa las lesiones e irritaciones. Es por esto que, ante la presencia del insecto sobre la piel, éste debe ser retirado (preferentemente con un papel) y no aplastado ya que puede segregar todo el líquido que posee para defenderse.

Se hacen presentes principalmente de noche, donde hay temperaturas elevadas y lámparas encendidas. Es conveniente cambiar las luces blancas por amarillas para evitar su atracción. También, se recomienda tener mosquiteros en puertas y ventanas para impedir que el bicho ingrese a los hogares.

Los síntomas que produce el líquido segregado por este insecto son un enrojecimiento de la piel durante las primeras 48 horas, luego una papula (elevamiento de la piel). Pasado este lapso puede haber más enrojecimiento, ampollas y mucha picazón y ardor. Es muy importante el tratamiento de inmediato de esta lesión ya que, en caso de dejarlo pasar, se puede sobreinfectar y ampliar la zona que ya se encuentra lastimada.

Ponen huevos en zonas húmedas y sobre materia orgánica en descomposición. Por eso hay que tener los patios limpios: hay que evitar la acumulación de excremento de mascotas y, en caso de poseer un árbol que dé frutos, no dejar que se pudran ni que fermenten.

Por otra parte, también aparecieron alacranes, cuyos síntomas van desde el aumento de las secreciones corporales hasta dificultades respiratorias. También hubo mordeduras de culebras, que si bien no son del tipo venenoso, hay que estar alerta.