El hidroarsenicismo crónico regional endémico (Hacre) es una patología que afecta especialmente a habitantes del norte argentino, incluidas las provincias de Santiago del Estero y Chaco, como consecuencia de la ingestión de agua de pozo con contenidos de arsénico superiores a las máximas compatibles con el criterio de potabilidad que determina la Organización Mundial de la Salud (OMS), que consiste en hasta 0,05 mg por litro.

El arsénico está presente en la estructura del suelo, por lo que quienes no tienen agua de un río o un arroyo tienen que hacer un pozo, de donde sale agua contaminada con arsénico y otros metales pesados. La exposición prolongada al arsénico a través del consumo de agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También se asocia a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes.

El color y sabor del agua no cambia cuando está contaminada con arsénico, pero la presencia de este puede causar graves daños a la salud: Diarreas y deshidratación, parasitosis, cólera, HACRE (Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico), entre otras enfermedades. El comienzo de los síntomas puede ocurrir entre los 5 y 10 años de exposición, pero las lesiones pueden malignizarse décadas después.

La empresa argentina M.D.T.S.A. (Manufactura y Desarrollos Tecnológicos Sociedad Anónima) desarrolló una tecnología única en su tipo, que permite eliminar este metal y todo tipo de microorganismos. Se trata de una ‘Planta abatidora de arsénico unifamiliar‘, cuyo diseño y construcción pertenece a Sergio Ferrari.

Además de analizar cómo sanear el Riachuelo, Ferrari y su equipo de trabajo se ocuparon de elaborar un filtro que, a través de fórmulas con minerales reacondicionados, remueve el arsénico y mantiene los elementos beneficiosos para el organismo, como las sales. Es un proceso combinado de filtración y absorción, que elimina el arsénico en un 99% y remueve bacterias, turbidez y hasta el 80% de productos nocivos, con equipos preparados para producir hasta seis litros de agua segura por hora.

En 2012 este sistema se instaló en cinco localidades del Chaco, cercanas al Impenetrable: ocho plantas comunitarias, cada una para 1000 personas. Pero cada planta costaba cerca de un millón de pesos, por única vez, y después había que renovar una parte, cada dos años. La gente tenía que ir a las plantas con sus bidones y llevarlos a la casa, lo cual resultaba trabajoso y cada vez lo usaban menos. Así que se comenzó a trabajar en algo a menor escala, y armaron plantas domiciliarias, como una especie de dispenser.