El mercurio es conocido por ser uno de los metales pesados más peligrosos para la salud. Su toxicidad es tan elevada que sólo consumir una mínima cantidad puede generar enfermedades motrices y neuronales muy graves en los humanos y en los animales, capaces de provocar la muerte.

Todavía es posible encontrar restos de este metal en reservorios de agua, donde las personas practican deportes o se refrescan durante un día caluroso poniendo en grave riesgo su salud, como sucedió tras los derrames de Barrick Gold en la mina Veladero en San Juan, donde los acuíferos contenían mercurio.

Un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología (INTEC) de la Fundación UADE desarrolló un dispositivo para detectar de forma simple y rápida la presencia de mercurio en el agua. El sistema funciona a través de la reacción de una bacteria que conforma el biosensor y que responde volviéndose de color rojo fluorescente ante el estímulo de este metal.

El kit realizado por investigadores de diseño industrial del Instituto de Ciencias Sociales y Disciplinas Proyectuales (INSOD), es resistente a los reactivos, lo que permite que la bacteria pueda alojarse en óptimas condiciones para realizar el estudio. Cuenta con una tapa protectora transparente que permite visualizar el proceso en sus tres etapas: durante su proceso de desarrollo, al momento de tomar contacto con la muestra de agua y a lo largo de las 24 horas siguientes en las que analiza el líquido y expresa su respuesta cambiando el color de la bacteria en caso de que encuentre mercurio.

El diseño fue especialmente realizado para ser trasladado, por eso su tamaño es igual al de la palma de una mano y no necesita de equipamiento adicional para utilizarlo. Además, su operatoria también es simple.

Durante el procedimiento se introduce una construcción genética a la bacteria, incubada a 37 grados, que le permite detectar la presencia de mercurio junto con una proteína cromática en su organismo, que es la que posibilita el cambio de color de su estructura al reconocer el metal. Durante todo su desarrollo es alimentada con un preparado de nutrientes para fortalecer su organismo que le permite asimilar el agregado de la proteína cromática, conocida como MRFP, en su ADN.

Este biosensor se diferencia de otros detectores de mercurio porque no utiliza una reacción química. Se interfiere en el ADN del microorganismo para que sea posible su respuesta ante el contacto con el mercurio. Este método es más rápido y fácil de trasladar respecto de otros procedimientos de detección química, que requieren que todo el proceso se realice exclusivamente en un laboratorio. A través del método transgénico, los resultados podrán observarse en 24 hs., en contrapartida del químico que demora el doble de tiempo.

Los kit de detectores diseñados fueron entregados a la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires, organismo que colaboró con el desarrollo del proyecto, en el que también participaron estudiantes de las carreras de Licenciatura en Biología y de la Licenciatura en Diseño Industrial de la Fundación UADE.