Un buen queso puede realzar el atractivo sensorial del vino, pero la situación inversa no se verifica: si el producto lácteo es sabroso, lo seguirá siendo más allá de la calidad de la bebida. Así lo revela un nuevo estudio de científicos argentinos y franceses que explora la forma en que interactúan ambos alimentos.

Conocer la mutua influencia entre bebidas y alimentos podría conducir a una mejor promoción de los productos”, explica una de las autoras del avance, la doctora Mara Galmarini, investigadora del CONICET en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias de la Pontificia Universidad Católica de Argentina.

Galmarini y colegas del Centro de las Ciencias del Gusto y de la Alimentación (CSGA, según sus siglas en francés), en Dijon, Francia, desarrollaron un método de evaluación sensorial para describir dinámicamente cómo la percepción del queso cambia después de la ingesta de vino, intercambiando varios bocados de vino con queso. Y tal como se describe en la revista “Journal of Food Science” lo probaron en 32 consumidores habituales de ambos alimentos en el CSGA.

Los consumidores evaluaron cubos o rebanadas de queso Comté, Epoisses y Chaource en tres mordiscos consecutivos. Y luego realizaron la misma tarea, pero “limpiándose el paladar” con vino tinto, blanco y rosado entre mordisco y mordisco.

Luego de realizar análisis estadísticos, los resultados mostraron que el vino tuvo un impacto en la descripción dinámica de los quesos, pero no tuvo impacto alguno en la preferencia que los consumidores mostraron por ellos”, afirmó Galmarini y explicó que “el campo de aplicación es grande: nuestro método podría aplicarse al maridaje de otras bebidas y alimentos”.

Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir