El cooperativismo es una de las piedras angulares del desarrollo agropecuario. No pocas se han destacado por su crecimiento, que trascendió fronteras. Otras están en los mismos pasos, largos y acelerados, para alcanzar la cúspide de lo que llaman “la espiral virtuosa de la producción”. La Cooperativa Arroceros Villa Elisa está en ese camino.
Fundada en 1974, y tras años de ser simplemente una “intermediaria” del arroz que cultivaban sus asociados, decidió dar el gran salto. Hoy producen la marca propia Noble, que compite codo a codo en las góndolas, con marcas de las grandes compañías. Pero no se conformaron: salieron a conquistar el mercado exterior.
Hoy exportan a más de 24 naciones. Están presentes en Centroamérica, Chile, Brasil, Perú y Oriente Medio. Para promover la inserción en nuevos mercados, participan en delegaciones comerciales y en ferias internacionales. Los números muestran que los mercados que exigen mayor calidad valoran muy positivamente el arroz con origen en el Mercosur. El volumen de ventas de exportación se incrementó en 2011 un 57% respecto del 2010, y la cantidad de operaciones y embarques consolidados tuvo un crecimiento del 65%.

Se puede. El presidente del Consejo de Administración de la cooperativa, Claudio Francou, explicó la idea fuerza para la transformación: “Imaginemos a pequeños productores de una zona del interior de Entre Ríos, que luego de mucho esfuerzo obtenían una cosecha de arroz que tenían que entregar a los acopiadores de ese momento en las condiciones que estos imponían. A partir de encuentros entre productores, y del impulso de algunos con cierta experiencia cooperativa, decidieron trabajar juntos para obtener mejores condiciones”, dijo.
El inicio del cambio se dio con la incorporación de las secadoras, el primer agregado de valor que sirvió para acondicionar y almacenar el arroz. Así manejaron mejor los tiempos comerciales. Luego, incorporaron el primer molino que permitió entregar el arroz ya elaborado.
En resumen, el desarrollo del producto comercial se dio bajo la premisa de participar en el mercado argentino, en forma permanente y con un arroz premium. Hay que tener en cuenta que el cultivo del arroz requiere de un gran esfuerzo financiero, y por eso el trabajo en cooperación fue clave. Muchos socios hubieran desaparecido si no habrían estado bajo el paraguas del sistema cooperativo. Aún hoy, esta fortaleza se refleja y se retroalimenta en la constante incorporación de nuevos socios.
Pero ¿cuándo y en qué contexto se dio la decisión del salto? Según Héctor Alonso, gerente general de la cooperativa, los comienzos datan de los años 2001 y 2002, una época de crisis que marcó al país. Por entonces decidieron que el crecimiento pasaba por un programa de implementación y certificación de normas de calidad.
“Este camino nos llevó a ser la primera empresa arrocera en certificar internacionalmente la norma ISO 22.000, que representa un sistema de gestión comprometido con la mejora continua de procesos y con la inocuidad alimentaria”, recordó Alonso.

Etapas. Actualmente, la cooperativa cuenta con semilleros propios. A los productores se les entrega las semilla, todos los insumos y el asesoramiento agronómico: un gran apoyo financiero y también, productivo. Reciben el arroz cosechado en febrero, marzo y abril. Luego, durante el año, lo elaboran mediante un proceso que incluye el descascarado, el pulido y la selección de cada grano de arroz.
Finalmente, el arroz se envasa de acuerdo con las especificaciones previstas: para exportación, usualmente en bolsas de 50 kilos, y para la Argentina, con la marca propia, en paquetes de medio, uno y cinco kilos.
Para obtener un buen producto, hay un proceso que empieza bastante antes. Según describió Lorena Buenar, del departamento agronómico de la cooperativa, el productor retira las semillas en octubre y noviembre. Para ese momento ya trabajó la tierra “preparando, nivelando y armando las ‘taipas’ para contener el agua cuando llegue la época de riego. La semilla se siembra también en esos meses. Luego del nacimiento, se inunda el lote con una lámina de agua, que se mantiene durante parte del período de cultivo. Este riego también sirve para controlar las malezas. La cosecha se realiza a fines de febrero y en marzo. Aquí se obtiene el arroz con cáscara que será entregado en el molino de la cooperativa”.

Variedad. La Cooperativa Arroceros Villa Elisa produce las variedades de arroz largo fino, doble Carolina, aromático, arroz integral (que no es una variedad desde el punto de vista botánico, sino que es un producto que no pasa por el proceso de  pulido, por lo que mantiene su contenido de fibras), y el parbolizado, que es el que se mantiene siempre a punto.
La casa cuenta con un departamento, conformado por ingenieros agrónomos, que acompaña a los productores en todo el proceso del arroz. Y que trabaja con el INTA en el desarrollo de nuevas semillas para el mejoramiento de la calidad y de los rindes.
Aparte del semillero propio, que garantiza la provisión de semillas, un agroservice abastece con combustible, fertilizantes y herbicidas. Además, se le ofrece al productor asociado pulverización terrestre, secado a gas, y acondicionamiento de cereales y cobertura solidaria de riesgos, entre otros servicios.
Pero no es todo, la cooperativa intenta, a partir del arroz, generar emprendimientos que agreguen valor al proceso. Así se desarrolló un alimento balanceado que sirve para el engorde de ganado, bajo la marca comercial Nutricoop, que se complementa con un emprendimiento de sistema de engorde bovino confinado. De esta manera, se conforma un círculo virtuoso a partir de la cultura arrocera, que incorpora otros sectores para consolidar el desarrollo agropecuario.