Textos y fotos Tomás Linch

A mediados de los años 90 sólo los fanáticos de la acrobacia sabían que una compañía canadiense, nacida en el seno del teatro callejero, revolucionaba el mundo entero con un nuevo concepto de espectáculo circense. Pero casi nadie imaginó entonces que el Cirque du Soleil iba a concretar, en tres visitas y diez años después, el increíble récord de medio millón de espectadores en la Argentina.

Fue en 1996 cuando Mariana Rúfolo y Pablo Holgado comenzaron sus talleres de zancos y malabares en la Villa 21-24 de Barracas, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ellos sabían del nuevo circo –habían viajado a Francia a perfeccionarse–, pero no fantaseaban con que, apenas empezado el siglo XXI, la compañía canadiense, la quinta empresa más importante de su país en lo que respecta a tamaño y facturación, se acercaría a su propio trabajo social en los barrios, como lo hacen en casi todo el mundo. Esta es la historia de ese encuentro.

Mariana y Pablo fundaron el Circo Social del Sur con la intención de utilizar las disciplinas circenses como herramientas de intervención social. Su trabajo se fue consolidando en otros barrios como Villa Lugano, La Cava, Mataderos y Constitución, siempre en conjunto con comedores, asociaciones barriales e instituciones como el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj). Al principio, se enganchaban mucho los más chicos, pero con el tiempo se fue convirtiendo en un polo de atracción para los adolescentes, que son quienes menos propuestas tienen, justo en un momento difícil de la vida. “Porque no se trata de enseñar sólo destrezas físicas –agrega Mariana–. Se trata de un arte que requiere un compromiso con el cuidado del cuerpo del compañero, una concentración y manejo de una cantidad de energía física que, si no está usada en esto, probablemente se vaya hacia otra cosa”.

El Circo Social del Sur tiene un marco teórico en la educación popular: es una propuesta artística y simbólica, que transforma el propio cuerpo y las realidades lo rodean. Esta metodología propone generar aprendizajes que perduren en el tiempo, al utilizar las disciplinas técnicas como instrumento para trabajar la solidaridad.

El circo solidario

Para financiar la enorme tarea que desarrolla, el Circo Social no depende de un sólo aportante, sino que los fondos se obtienen de diversas donaciones y en mu?ltiples formatos. El ma?s espectacular es, por supuesto, el apoyo del Cirque Du Soleil que, a trave?s de su propia ONG, Cirque du Monde, adquiere varias formas a trave?s de los cinco continentes. “El director de Qidam, el especta?culo con que vinieron en 2010, es muy sensible con las artes pla?sticas y propuso que los chicos participaran del proyecto mural que se hace en todos los pai?ses”, cuenta Mariana.

A partir de un fluido dia?logo con el reconocido artista pla?stico Omar Gasparini –escultor y esceno?grafo, director del Grupo de Teatro Catalinas–, los chicos participantes de los talleres hicieron un mural de dos metros por seis. Ese mural fue expuesto en todas las presentaciones del Cirque en Buenos Aires y se sorteo? entre todos los que ayudaron comprando un nu?mero. “Cada gira viene con una propuesta diferente en lo que hace al intercambio con los artistas locales”, sen?ala Pablo.

Adema?s del aporte para recaudar fondos, el Soleil participa de la formacio?n de formadores: propone intercambios metodolo?gicos y pedago?gicos y, de paso, utilizan el taman?o y publicidad de la empresa para dialogar con el empresariado local y sensibilizarlo respecto de la necesidad de intervenir en la reduccio?n de las desigualdades sociales. También existen fundaciones internacionales y entidades gubernamentales que apoyan esta tarea. En el caso de los gobiernos nacional y municipal, se otorgan becas a los chicos en situacio?n de vulnerabilidad para que estudien artes y oficios. Y el Circo Social del Sur es una de las ONG en las que pueden aprender. Ese es el caso de Milagros, una adolescente de 14 an?os que vive en San Cristo?bal y practica tela y trapecio todos los sa?bados.

“Me gusta subirme sobre la tela. Obvio, me gusta que me vean, me parece que es como un deporte”. Milagros recibe una beca, pero arrastra a los talleres a cinco de sus amigos. Para supervisar la actividad de Milagros y sus compan?eros esta? Adria?n, un joven de 22 an?os que vive en la Villa 21 de Barracas. Adria?n se toma con seriedad la compleja tarea de ensen?ar a los adolescentes a mejorar, sin lastimarse, sus ejercicios en el trapecio. “Para progresar en el trapecio hay que entrenar mucho. Yo le dedico cinco horas todas los di?as”, asegura. Hace ma?s de cuatro an?os que participa de los talleres y, afirma, tambie?n debio? modificar la dieta para poder estar colgado de los trapecios y las telas. Menos pan y menos gaseosa; ma?s agua, ma?s cereales, ma?s alimento.
El equilibrio justo

La propuesta del Circo Social del Sur es amplia. Comienza con el trabajo de base que son los talleres iniciales de destrezas circenses en los barrios marginales. Y por otro lado, esta?n los cursos superiores, el Taller de Formacio?n de Formadores y el Taller de Profesionalizacio?n. El primero transmite la pedagogi?a a chicos que deseen ayudar a otros. El Taller de Profesionalización, que dictan 4 veces por semana, esta? dedicado a los alumnos que quieren seguir avanzando en la disciplina, lo intenten profesionalmente o no. Como Christian, de 19 an?os, otro de los chicos que participan del taller. “Hay que cuidarse bien –reconoce– porque esto no es para cualquiera y se necesita de mucha pra?ctica. Hay que hacer ejercicio y trabajar la concentracio?n”.

Christian vive en la Villa 21 y trabaja en herreri?a, lo que ma?s le gusta es la carpinteri?a de aluminio y se deja tiempo para estudiar danza. “Me gustari?a ser mejor que los profesores”, se desafi?a. Y como suele suceder con este tipo de trabajo, muchas cuestiones surgen a la hora de cuantificar los resultados. “Cuando me preguntan cua?ntos beneficiarios hay en este programa siempre digo que si logro ayudar a un sólo pibe de la calle, todo mi esfuerzo se justifico? y toda la plata que pusimos esta? bien usada. ¿No vale la vida de una persona todo el aporte financiero que puede hacer una empresa?”, se pregunta Holgado. Sin embargo, hay resultados verificables: por los talleres pasaron ma?s de dos mil chicos que, adema?s, mejoran en la escuela, como lo wwwimonia la evaluacio?n permanente que efectu?a una asistente social que trabaja con ellos las problema?ticas de salud y escolaridad.

Una actividad fi?sica con un adecuado marco de educacio?n y contencio?n es una soga para salir del aislamiento y la estigmatizacio?n social. Aunque no todos quieran dedicarse a la acrobacia (como Dari?o, que empezo? a los doce an?os y hoy es un artista reconocido, al punto que disen?o? su propio y riguroso me?todo de entrenamiento). De hecho, hay chicos que pasaron por el Circo y hoy son, por ejemplo, cocineros. Por eso, dice Pablo, “la idea no es convertirlos a todos en artistas de circo, sino darles un espacio de pertenencia, de diversio?n, de aprendizaje, para que trabajen su autoestima y sepan que si pueden lograr cosas en el circo, tambie?n pueden en otros a?mbitos de la vida”.