Fotos Juan Carlos Casas

El silencio puneño se come la señal de los teléfonos y la altura se traga los signos de urbanidad: la electricidad, el asfalto, los autos, los ruidos. Las montañas cambian de color con cada golpe de vista y el cielo tiene miles de azules en Catamarca. Estamos en la tierra de la vicuña señores, donde el oxígeno de los 3.380 metros sobre el nivel del mar se busca con afán. Aprieta el pecho, la tierra vuela y el silencio abruma, lastima. Parece que el viento llevara una copla: “No caces vicuñas con armas de fuego, Coquena se enoja, me dijo un pastor”, se deletrea del aire, como si esa copla anónima se escuchara ahora mismo en Laguna Blanca.

Este poblado del alto catamarqueño, ubicado a 400 kilómetros de la salteña San Antonio de los Cobres y a la misma distancia de la capital de la provincia, es la antesala de los 253 volcanes inactivos que tiene esa zona desértica de Catamarca y es el escenario donde, desde hace 13 años, los habitantes de esta reserva de la biósfera hacen la captura y esquila comunitaria de la vicuña salvaje.

“Vicuña esquilada es vicuña salvada”, dicen quienes potenciaron este programa de esquila protegida. “Un gramito más de legal significa un gramito menos de ilegal”, lo apoya Mauricio Pagani, gui?a de turismo y te?cnico del Prodernoa. Es u?nico en el mundo con el sistema de corral fijo. Se trata de un modulo de 40 hecta?reas (3.817 metros cuadrados) donde hay cerca de 200 vicun?as a lo largo del an?o que van al ojito de agua contiguo a la laguna, un espejo con aves de cuentos de hadas: flamencos de color rosa. En otros lugares, Bolivia, Peru?, Chile, Ecuador se hace la captura, pero van ellos hacia la vicun?a. En Laguna Blanca, la vicun?a vive el an?o entero en el mismo lugar en que a principios de noviembre se la esquila. Es un mo?dulo fijo al que acuden porque tienen agua el an?o entero y lo que se hace es cerrar la tranquera.

En Catamarca hay 45.000 vicun?as salvajes, aunque el nu?mero vari?a si se calcula a las zonas no censadas. En ese caso, llegari?a a unas 70.000 cabezas, segu?n los datos del Censo Nacional de Came?lidos Silvestres. Aqui? las vicun?as tienen su fibra ma?s clara; ma?s cerca de la Cordillera de los Andes presentan una tonalidad ma?s oscura. Los catamarquen?os buscan animales con fibra fina, para facilitar el buen tejer; Laguna Blanca dejo? de ser un pueblo de cazadores para transformarse en artesano desde el año 2000, cuando la chaku volvio? a practicarse tras 25 an?os. El sa?bado las encierran en el mo?dulo mientras las vicun?as se alimentan. Y un di?a despue?s, para evitarles el estre?s, las esquilan y de inmediato las largan.

La significación

Mauricio Pagani visito? una semana por mes durante los u?ltimos an?os esta ciudad de la Puna y es un profundo conocedor de su gente, de sus silencios y de sus miedos. De sus sentimientos: “La significacio?n principal de la chaku es la preservacio?n de la especie. Hace 25 an?os quedaban 4.000 vicun?as en Catamarca y ahora ese nu?mero crecio? muchi?simo porque se la preserva cuida?ndola de la caza. Para los habitantes de este lugar significo? dejar de ser cazadores para convertirse en esquiladores. Significo? preservar la especie con la que conviven. Adema?s de esquilar y trabajar con su fibra, protegen al animal. Antes teji?an en lanas de oveja y de llama”. 

Ese objetivo se trazo? la gente de Ganaderi?a de la provincia, a partir de la gestión de Horacio Ruiz. Para Nicandro Sua?rez, director de Turismo de Villa Vil, el departamento al que pertenece Laguna Blanca, la importancia es suprema, para los habitantes y para el turismo. “Deben comprometerse porque la esquila los beneficia, es parte de la historia de los habitantes”.

Laguna Blanca es el pueblo con ma?s progreso en la Puna, es la anti?tesis de lo que ocurre en El Pen?o?n o en Antofagasta de la Sierra, de donde su gente se va. Y el tema del trabajo artesanal derivado de la vicun?a es una de las razones. “Hay artesanas jo?venes que tienen alta calidad en sus productos. Reciben el legado de sus padres”, se alegra Pagani, quien homenajeo? a su emprendimiento turi?stico con el nombre quichua de esta costumbre: chaku, traducida como cazar.

El sol sobra a cualquier hora, pero a las 8 de la mañana aprieta como si fuesen las 12. Se celebran sus rayos verticales que han surcado la piel de los lagunen?os hasta dejarla tensa, brillante. En invierno, la nieve precipita la temperatura a los 20 grados bajo cero y les cae en el lomo a las vicun?as, que soportan gracias a su extraordinaria fibra, con el mismo temple que el agua, escasa, que recibe esta tierra cuando el cielo deja de ser azul.

“Vayan prepara?ndose ustedes. Ya”, ordena Rau?l, ene?rgico pero tranquilo, a sus compan?eros de la cooperativa Mesa Local de Laguna Blanca, organizadora del sistema de captura. Rau?l es Rau?l Gutie?rrez, presidente de la entidad con 36 socios en casi 5 an?os de vida. El chico es un profeta en esta tierra, un promotor del hacer con mano propia. “Hemos vendido prendas certificadas y queremos ser nosotros quienes vendamos fibra de vicun?a a Italia, Japo?n y Holanda. Ellos la compran en bruto”, dice. Franceses y espan?oles se anotan tambie?n entre los mejores compradores.

Nadie de afuera viene a decirles co?mo hacerlo, son ellos quienes se ponen al frente y convierten a secretarios y ministros en obreros vicun?eros puestos a arrear. Tomados por sogas, empiezan a desplazarse dentro del mo?dulo hacia el corral donde la encierran para la posterior esquila. La gente se aproxima con paso lento a las vicun?as. Alguna, intre?pida, quiere pasar la barrera humana. Ungida de suerte, lo logra. Rau?l pide asistencia al valiente que, en el aire, intento? frenarla sin fortuna. “Ahi?, ahi?”, grita. El grupo se cierra en torno del corral y agudiza su atencio?n. Ellas esta?n di?scolas, se arremolinan, levantan tierra y percuten con las patas contra el piso. Tienen miedo. “Larguemos esa soga”, vocifera Isaac Casimiro, el delegado comunal, en el medio, entre la gente y las vicun?as. La barrera humana es ma?s gruesa cuando entra a la manga. Sin querer parecerse a un cantante venezolano algo pasado de moda, Rau?l Gutie?rrez, al frente del grupo, ordena. “Aga?rrense de las manos”. Se agarran y las vicun?as entran al corral verde. La gente aplaude. El encierro es bueno y sabra?n luego que la esquila tambie?n: 179 capturadas, 136 esquiladas, con 80 nuevas vicun?as, nunca capturadas hasta entonces.