Fotos Jazmín Arellano

 

Miguel pega las bocas. Héctor encola los laterales con la tapa y el fondo. Daniel coloca el mango a la caja. Angel lustra. Miguel corrige posibles imperfecciones en el diapasón y, si las encuentra, entra en acción Don Segundo. Si pasan todos los filtros, llega hasta Hugo, el hombre que le pone las cuerdas a la guitarra. Se puede decir que Zagert es una fábrica de guitarras y uno estaría en los cierto, pero la guitarra tiene tantas partes, tantos procesos y tantas manos que la hacen como para decir que es la fábrica más artesanal de todas, la más humanizada, la más detallista y, claro, la que mejor suena.

Hermanados por la guitarra

La historia de los Zagert es de película. Los hermanos Otto y Ricardo Zagert llegaron de Misiones a Buenos Aires en la década del ´60 y se instalaron en Villa Tessei, al Oeste del Conurbano Bonaerense. Como muchos de los colonos alemanes y de otros países europeos que vinieron para trabajar la tierra colorada, se dedicaron a los rudimentos de la madera: armaron un aserradero, donde también hacían muebles. Pero las crisis económicas que habían padecido les hicieron saber que las producciones no duran toda la vida.

En eso estaban cuando un conocido de los hermanos Zagert les contó que había tenido una fábrica de guitarras. Por entonces, con el folklore nacional florecido entre los jóvenes de todo el país, la Argentina necesitaba guitarras, que en esos años dorados llegó a importar desde Brasil porque la demanda local no alcanzaba a abastecer las ganas.

Maestros de la madera y, sobre todo del arte de trabajarla, los Zagert echaron a rodar un sueño: hicieron la primera guitarra. “Les picó el bichito de la guitarra y le empezaron a meter mano, a investigar, a aprender”, dice Christian Zagert, hijo y sobrino de los creadores, que acompaña a El Federal en el recorrido por la fábrica.

Su padre y su tío cargaron la camioneta con las guitarras y se lanzaron al país. Recorrieron negocios de las grandes ciudades y también almacenes de los pueblos pequeños hasta que ocurrió lo que ellos pensaban: empezaron a pedirles que llevaran más guuitarras.

Las partes del proceso

Todo empieza, repite Cristian sin cansarse, en la alta calidad de las maderas que trabajan. En secarlas con paciencia, a veces en un horno -el diapasón, por ejemplo- donde les dan calor por 20 días, a veces al aire libre -según de qué parte de la guitarra se trata. En cualquier caso, controlan con celo la humedad de la madera. Una vez que la madurez ocurre, las cortan según las piezas a que están destinadas.

Aquí llegan las tapas de pino abeto con la forma que todos conocemos de una guitarra. Se les hace un rebaje y se les coloca la boca. Las tapas tiene dos tipos de madera: la maciza es de un pico que importan desde Canadá porque aquí no existe y la tapa enchapada viaja desde China. Las maderas que importan son específicas para instrumentos musicales, con betas propias y una composición específica que las vuelve dóciles a la hora de darle forma a una guitarra.

“Antes era todo muy artesanal. Si bien ahora no tenemos máquinas de gran tecnología, porque es imposible, mejoramos el proceso”, dice Cristian, mientras camina por la fábrica para explicar un proceso que nunca pierde la mano del hombre aunque ahora veamos una prensa que baja, lenta, sobre una madera recta para convertirla en una letra s que será el lateral de la guitarra.

Estamos en la sección de lo que podría llamarse la carpintería de la fábrica: el corte, el pegado, el lijado. Eso explica Zagert mientras vemos la segunda parte del proceso: se le pegan los tacos interiores y se forma el contorno de la guitarra, que luego pasa a un molde que los presiona. Otro de los operarios (¿o deberíamos decirles artesanos?) pega las barras armónicas (que son tres) al fondo de que será la guitarra. Y luego se une todo con cola: tapa, fondo, aros. “Tiene mucho de mano de obra. La gran mayoría de los procesos están hechos a mano”, explica.

De esta segunda fase del proceso sale la caja. Mientras Cristian nos muestra esta parte, alguien, en alguna parte de esta fábrica, está haciendo el mástil de la guitarra: encola el diapasón al mástil y lo deja reposar durante un día. Hasta ahora, mástil y cuerpo de la guitarra permanecen separados.

Aunque nunca se pierda la delicadeza de las manos para trabajarla, el paso que sigue es fino: se pega la marquetería al cuerpo de la guitarra, se le presiona en cada milímetro, se lo lija a fondo y queda listo para unirse con el mango. “Hay que trabajar con maderas bien estacionadas, pero también con mucho cuidado porque es madera y se puede romper. Hay que saber trabajar bien con las manos. La gran mayoría de la gente que trabaja acá llegó sin saber de la fabricación de guitarras, pero acá le enseñamos”.

En esta parte del proceso ocurre una constante en la fábrica de los Zagert: el control de calidad. Se la mide, se verifican los puntos de encolado y, si todo está bien, viaja a la cabina de pintado donde, a 20 grados, se le aplica la primera mano de poliéster. Se la deja secar un día y después se la lija para darle la segunda mano de poliéster. Se la vuelve a lijar y se le aplica el brllo final.

Los modelos de guitarra

La última perla de los Zagert es la guitarra MIDI, con el ecualizador incorporado, una fabricación propia que ya empieza a cundir entre los músicos, los estudiantes y los estudiosos del instrumento. Pero también tiene modelos para diferentes necesidades y bolsillos: guitarras de estudio de la línea Fonseca o las profesionales que giran en plaza con la marca La Alpujarra. “En todas nos fijamos el objetivo de la calidad”, remarca Cristian Zagert.

El tono final

A la guitarra le faltan tres elementos para poder llamarla guitarra: cejillas, clavijero y cuerdas. En esta parte de la fábrica las generaciones se juntan. Miguel tiene 21 años y los ojos vivaces, atentos a lo que pueda enseñarle su compañero: Don Segundo, un hombre que lleva 43 años trabajando en la fabricación de guitarras Zagert. “El cirujano”, lo presenta Hugo Nieva. Le dicen cirujano porque Don Segundo tiene el ojo fino y la habilidad justa para reparar detalles imposibles del instrumento. Con herramientas que él mismo fabricó llega hasta las venas y las arterias de la guitarra y las repara. Sus compañeros y Christian Zagert hablan de él con admiración.

“Si hay algo roto o quebrado, si le falta un refuerzo bien allá al fondo, él lo arregla”, dice Hugo, que además de músico es el hombre que coloca los clavijeros y 600 cuerdas por día, pues el promedio de fabricación es de 100 guitarras diarias. Don Segundo se ríe. “Hago parchecitos, cambios, remiendos”, dice con la humildad de alguien que recién empieza, aunque está a punto de jubilarse. “Todavía tengo que enseñar cosas que ellos tiene que aprender todavía”, dice cuando se suelta. El hombre tenía la edad de su compañero; Miguel, el joven que lo mira con asombro y también con admiración.

Hugo tiene la habilidad de un prestidigitador: toma de a tres cuerdas y mientras habla y sonríe las anuda sin que uno se dé cuenta. “Pero pronto voy a poner las seis juntas”, augura. Y uno le cree. Hugo termina de poner las otras tres cuerdas y limpia el clavijero. Se le notan las ganas de tocar la guitarra: el hombre es hábil también con la guitarra, además de compositor y un ferviente cristiano.

Este proceso que funciona en cadena les demandó una gran tarea a los fabricantes: lo pudieron estandarizar hace ocho años. “Corregimos algunas cosas para que todo funcione como en una cadena. La idea era que no estemos paseando con la guitarra de una punta a la otra de la fábrica.” La fábrica es grande y luminosa. Como el día en que la visitamos presenta un clima templado y de humedad media, las puertas luces abiertas y el aire corre. Pero en invierno deben calefaccionar el ambiente para combatir contra los dos grandes enemigos: el frío, que conspira contra el lustrado, y la humedad, que hace trabajar a la madera.

Es una fábrica sí, pero no hay línea de montaje, ni producciones en serie. “Nosotros apuntamos a la calidad de las guitarras. Esa es una política que tenemos en los 22 modelos que hacemos”, suelta Christian. Y tiene razón. Los Zagert se toman el tiempo que sea necesario para que una vez que la guitarra salga a la luz perdure, como los sonidos de sus cuerdas, en la sonora eternidad de su madera.

 

Más información

En Internet: http://www.guitarraszagert.com