El mascotismo y el capricho de una sociedad que paga grandes sumas de dinero para tener en su casa aves enjauladas está produciendo un aumento en el tráfico de aves en la región patagónica. El comercio de aves provoca que estos animales deban trasladarse por todo el país en condiciones insalubres hasta llegar al encierro final. Días atrás en Cipolletti se secuestraron 45 aves que iban a parar al comercio ilegal, muchas de ellas de especies en peligro de extinción.

El loro hablador y el cardenal amarillo son las dos especies que más se buscan, y por las cuales más se paga. “El delito está comprobado, por el solo hecho de tener aves enjauladas sin permiso, pero se investigará si también hay otros delitos como la caza”, comentó al diario Río Negro el fiscal que trabaja en la causa del reciente allanamiento. El problema, para muchos defensores de los derechos de los animales es la ley y sus penas. En la legislación de nuestro país, el hecho de que se caze a las aves no agrava la pena, pero lo que se intenta es que este hecho haga que la pena esté más cerca de la máxima que de la minima.

Traficar aves es un delito con una pena de 2 meses hasta 2 años de prisión. En la provincia de Río Negro para esta clase de delitos se estipulan multas de 1000 a 200.000 pesos. A pesar de esto, el tráfico sigue siendo muy activo y lejos de disminuir la actividad, ha crecido debido a las enormes ganancias que deja el hecho de traficar animales que muchas veces están en peligro de extinción. En las últimas semanas, sólo en Río Negro se secuestraron 550 ejemplares.

La mitad de las aves que se trafican, mueren en el camino”, afirma preocupado Fabián Llanos, guardafauna rionegrino. El hecho de desear tener un ave enjaulada en una casa, ocasiona un enorme daño al animal, que debe salir de su hábitat, desequilibrando el ecosistema y fundamentalmente, privándole de la libertad al ave. El Cardenal Amarillo es una de las especies más demandadas, un ejemplar en la Patagonia puede costar 1000 pesos, pero esa misma ave en Buenos Aires, su costo trepa hasta 4.000 pesos. El tráfico no es sólo nacional, el comercio ilegal se las ingenia para cruzar el océano, un cardenal amarillo puede llegar a costar 1000 euros.

En el caso del loro hablador, una vez que se lo saca de su hábitat, no puede volver a reinsertarse al mismo. El perjuicio que el hombre ocasiona es doble aquí porque no sólo le quita la libertad, sino que una vez recuperada, debe volver al cautiverio.