Por Paula Cavalanti

Producir soja resistente a la sequía parecía una misión imposible. Sin embargo, el mal llamado “yuyo” sigue incorporando tecnología. Un grupo de especialistas del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral dieron una buena noticia a los productores argentinos: anticiparon que en tan sólo dos años nuestro país dispondrá de un gen que, inyectado en las plantas, soportaría hasta los niveles más altos de estrés hídrico y salino, y además, aumentaría el rendimiento de producción anual del 15 por ciento al 100 por ciento. Hasta ahora, no existía una fórmula que proteja a este cultivo de la sequía.

Laboratorio. Desde el año 2000, el equipo científico creado por el Conicet y la UNL de Santa Fe y dirigido por la doctora en Biología Raquel Chan, investiga cómo obtener variedades de plantas con mayor tolerancia a los factores climáticos y a las condiciones de los suelos. “Esta tecnología no permitirá sembrar soja en el desierto, sino obtener mejores rendimientos en regiones que tienen regímenes pluviométricos bajos o insuficientes”, expresó Chan a El Federal.
El descubrimiento más esperado por el sector productivo se aplicó primero a soja y maíz, y su desarrollo fue posible gracias a la unión pública y privada entre el Conicet, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y la empresa Bioceres S.A. “Nuestro grupo se unió para desarrollar una tecnología que nos permitiera obtener plantas transgénicas de soja, maíz y trigo con rendimiento aumentado”, agregó la doctora, y contó que esperan que el nuevo gen pase la desregulación correspondiente y se transforme en un producto comercial desarrollado en Argentina.
Según cifras oficiales, de mantenerse los valores de la cosecha del año 2010/2011 para soja, maíz y girasol, y considerando un aumento del rendimiento, el valor de la cosecha podría alcanzar los 40.600 millones de dólares. El gobierno estima que la nueva tecnología aportará grandes beneficios económicos para el país, porque en base a los promedios de superficies cosechadas, el rendimiento por hectárea y el precio por tonelada de los últimos años, se producirá un ingreso adicional de cerca de 10.000 millones de dólares al valor anterior.
Heladas, granizo, falta de agua, plagas, malezas, enfermedades, intensidad lumínica, son sólo algunas de las causas del estrés a las que son sometidas las plantas. El nuevo gen formará especímenes más resistentes a estos factores y aumentará la productividad de las plantas modificadas. La nueva tecnología ya está patentada y, desde el laboratorio en Rosario, los especialistas continúan estudiando el gen en relación a su respuesta a los escenarios de exceso de agua.

Patente. El grupo de profesionales del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, asociados a la empresa argentina Bioceres, patentaron el identificado gen HAHB-4 para comenzar, de esta manera, a comercializarlo en el exterior. “Se estima que el producto estará en el mercado en el año 2014”, aseguró la doctora Chan.
Esta tecnología representa un avance muy importante para nuestro país, no sólo porque su descubrimiento es el resultado de un trabajo argentino, sino además porque la patente es propiedad del Estado y de Bioceres, una compañía de investigación, desarrollo y comercialización de semillas con sede en Rosario. 
La protección de la propiedad intelectual es fundamental para justificar la inversión que requiere el desarrollo de un producto transgénico. “Si no existiera esta protección que asegura un retorno monetario, ninguna empresa invertiría en el desarrollo y en la desregulación, ya que el producto sería libre. Al existir una patente, la comercialización del producto generaría o generará regalías”, expresó la bióloga.
Bioceres, a su vez, se unió con la compañía estadounidense Arcadia (líder del mismo sector en Norteamérica) y crearon la marca “Verdeca” para poder desarrollar, desregular y comercializar internacionalmente nuevas variedades de soja de alto rendimiento, utilizados para la obtención de semillas. La nueva marca se focaliza en el desarrollo y aplicación del gen, sólo al cultivo de soja.

Oportunidad. Este acuerdo permitiría abrirse a los mayores mercados del mundo, lo que generaría grandes ingresos para la Argentina, además del aumento de la producción y exportación de alimentos. Según un comunicado de “Verdeca”, un 15 por ciento de aumento en los rendimientos del cultivo de soja representaría un valor adicional de 180 dólares por hectárea. La aplicación podría significar un beneficio adicional de aproximadamente 14 mil millones de dólares por año, para el continente. 
Para las empresas, las semillas irán incorporando nuevos desarrollos biotecnológicos vinculados al uso eficiente de nutrientes que aportarían mejoras en la producción y en la calidad nutricional. Ambas, llevarían invertidos más de 120 millones de dólares en  capacidades y tecnologías que cada una integrará al emprendimiento.
Según declaraciones de las empresas participantes, en los próximos cuatro años invertirían 20 millones de dólares en la desregulación de la tecnología. La estrategia regulatoria implicaría la habilitación comercial en Argentina, Estados Unidos, Brasil, China e India, principales mercados de producción de soja. También, estiman la aprobación para usos alimentarios en la Unión Europea y en Japón.