“Fueron dos años de trabajo de campo y dos años en invernadero”, resume Carlos Urcelay, como si fuese posible resumir tanto tiempo en una sola frase. Urcelay es profesor asociado de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, además de investigador adjunto del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, CONICET – UNC y fue quien dirigió junto con Leonardo Galetto, la tesis doctoral de Gabriel Grilli, becario de CONICET.

Los científicos el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC) se propusieron estudiar el efecto que tienen unos hongos muy comunes en el suelo -llamados micorrícicos- en distintas especies de plantas. Los resultados de la investigación, publicados en la revista Forest Ecology and Management, sugieren que, si bien la interacción con los hongos afecta positivamente a ciertas plantas, pueden ser perjudiciales para el crecimiento de malezas. Esto puede tener importancia económica en las parcelas sembradas aledañas a los bosques.

La zona de bosques en Córdoba se compone de una serie de fragmentos que persisten entre medio de amplias tierras utilizadas para la agricultura. Los distintos organismos, insectos, plantas y hongos -de dentro y fuera de los parches boscosos-, se relacionan y retroalimentan de las maneras más diversas. Sin embargo, hay muchas de estas vinculaciones que no se conocen y, por esto, tampoco se utilizan, por ejemplo, con fines productivos. En ese sentido fue la investigación de estos científicos.

Así resume Carlos Urcelay un trabajo que duró cuatro años y fue la tesis doctoral de un estudiante. “Los hongos colonizan -infectan, en el sentido positivo- a las raíces de las plantas y les ayudan a obtener nutrientes del suelo. Nosotros queríamos ver si estos hongos eran afectados o no en estas zonas de monte nativo. Vimos que cuanto más chico era el monte, se perdía la diversidad de hongos. Después vimos cómo estos hongos afectaban el crecimiento de las malezas, a quienes les provoca el efecto contrario; en ellas los hongos son casi parasitarios”, describe en una charla con El Federal. 

El comportamiento de estos hongos depende de una cuestión fundamental: la vida de la tierra. “Cuando el tipo de labranza no destruye tanto el suelo, propone una mayor diversidad de estos hongos. Si la diversidad está en el suelo, va a a tener mejor calidad. Porque estos hongos mejoran las propiedades del suelo. Estos hongos tienen filamentos que son como una red que secretan una proteína que contribuyen a agregar el suelo. Cuanto menos destruya la labranza esos hongos, mejor será para el cultivo.” La solución, entonces, parece simple: rotar los cultivos. “Si promovés el monocultivo permanente, favoreces algunas especies de hongos por sobre otras, pero si mantenés una rotación de cultivo promovés una mayor diversidad. Debería hacerse, por ejemplo, una rotación de gramíneas con leguminosas”.

Los investigadores señalan las posibles repercusiones que este descubrimiento puede tener en tierras productivas. ¿Cómo interactúan estos hongos con el trigo y el maíz, principales cultivos de la zona?. “Para el maíz, la bibliografía dice que la relación con hongos es positiva, mientras que para la soja hay estudios que concluyen que es positiva y otros que no tanto”, responde Urcelay.

Hongos, socios de las plantas

El tema de esta reveladora investigación fue el inicio: los científicos empezaron en la oscuridad. “Había antecedentes aislados de otros lugares del mundo, pero no había antecedentes aquí de haber estudiado este tipo de hongos. No había seguridad, cuando arrancamos, de llegar a una conclusión como ésta”, dice Urcelay.

Desde el centro hacia el norte de Córdoba fue la zona de estudio. La idea era ver si en una matriz agropecuaria afectaba el tamaño de esas islas de montes nativos. “Este trabajo surge en el cruce de dos áreas: la ecología de los bosques de Córdoba y la ecología de los hongos, en particular los micorrícicos que están en el suelo interactuando con las plantas”, explica Galetto. En primer lugar se buscó conocer cómo es la distribución de estos organismos y si cambian en relación a distintas variables del hábitat. Esto implica conocer cuales son los hongos micorrícicos del lugar que se quiere estudiar y analizar si cambia la intensidad y el modo en el que interactúan con las plantas. Además, lo más interesante es poder ver qué consecuencias tiene esta interacción en el funcionamiento de las distintas plantas: si crecen más, si producen más frutos y semillas, etcétera.

Urcelay, especialista en micorrizas, dice: “Estos hongos se asocian con las raíces de las plantas y en muchos casos les proveen beneficios. En otros casos pueden ser un poco parásitos”. Una parte del hongo crece bajo tierra y se incrusta en la raíz, forma estructuras y le demanda carbono a la planta, proveniente de la fotosíntesis. A su vez, éste puede otorgarle beneficios como, por ejemplo, la obtención de nutrientes del suelo. No obstante cuando el hongo repercute negativamente en el crecimiento de la planta se supone que es más lo que demanda que los beneficios que le brinda.

En segundo lugar, los investigadores se preguntaron si la fragmentación de los bosques afecta la distribución espacial de los hongos. Para analizar esto, estudiaron un paisaje localizado entre las ciudades de Córdoba y Río Ceballos, donde hay fragmentos de bosques con diversos tamaños y observaron las distintas comunidades de hongos micorrícicos. “Una vez que observamos que había diferencias entre dichos grupos en los distintos fragmentos, pensamos que estas variaciones podían tener distintos efectos sobre las plantas. Entonces nos preguntamos: ¿Cómo esas diferencias repercuten en el crecimiento y la reproducción de las plantas?”, cuenta Grilli.

“A medida que disminuye el área de los fragmentos, aumenta la disponibilidad de nutrientes en el suelo, o sea su fertilidad. Entonces, el papel de los hongos -que es captar nutrientes y pasárselos a las plantas- es redundante y la interacción se reduce”, resume Grilli, a cargo de la tesis.

Además, es sabido que los hongos también tienen efectos positivos en las características del suelo. El cuerpo del hongo está constituido por filamentos muy delgados que forman una red en el suelo. Este entramado le da estructura a la tierra y hace que sea más apta para el crecimiento de las plantas y retenga mejor la humedad.