Científicos del Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional (INENCO, CONICET-UNSA) de Salta, ofrecen servicios de alto nivel para el diseño, monitoreo experimental y simulación computacional de edificios eficientes energéticamente y amigables con el medioambiente.

En la localidad de El Alfarcito, ubicado a 2.800 metros sobre el nivel del mar en el departamento de Rosario de Lerma, el Colegio Secundario de Montaña es un ejemplo de este tipo de intervenciones. Se trata de un edificio bioclimático que se sustenta íntegramente con un recurso inagotable y muy abundante en la zona: la energía solar.

Se construyó la primera escuela secundaria albergue de la zona de población rural, que les da a los jóvenes de la región la posibilidad de cursar el secundario y que así no deban emigrar o abandonar la educación luego de terminar la primaria. El diseño y cálculos de sistemas para la colección de energía solar estuvieron a cargo del investigador Alejandro Hernández.

Para hacerle frente a las temperaturas bajas que se registran históricamente en la zona, una estrategia energética fue dotar a los albergues y las aulas de muros ‘Trombe’ que permiten captar y acumular la energía solar de manera pasiva – es decir, sin usar energía adicional – y entregarla al ambiente interior.

Se trata de paredes que dan al exterior del edificio construidas con piedras de la zona y pintadas de color negro en el lado que recibe la radiación solar para maximizar su colección y elevar su temperatura; orientadas al norte y protegidas del clima exterior por una cubierta de doble vidrio hermético (DVH) para evitar su enfriamiento por la acción del viento.

La inclusión de mampostería pesada como la piedra u hormigón hace que la amplitud térmica en el interior de los ambientes sea de sólo 5°C, mientras que con un muro tradicional de ladrillo cerámico hueco puede llegar a 15 °C en los climas con grandes amplitudes térmicas diarias.

Para esta tecnología constructiva es necesario que las piedras tengan muy buena difusividad térmica, es decir que se comportan como ‘esponjas absorbedoras de calor‘. Absorben rápida y eficientemente la radiación solar, la acumulan en su interior y la entregan a los locales durante la noche por convección y radiación infrarroja.

El sector administrativo y los dormitorios docentes no poseen frente al norte y por lo tanto no pueden incluir muros Trombe en sus fachadas. Para la calefacción de estos locales Hernández desarrolló colectores solares que trabajan forzados mediante ventiladores de bajo consumo eléctrico para calentar el aire con energía solar.

El colegio posee además la provisión de energía eléctrica mediante paneles solares fotovoltaicos, y agua caliente sanitaria mediante calefones solares de ‘tubos evacuados’, que actualmente no se producen en el país. El agua contenida en los tubos encargados de colectar la radiación solar se calienta y mediante un mecanismo de convección natural se acumula en un tanque aislado térmicamente del exterior, que forma parte del mismo dispositivo, para su posterior uso en duchas y lavatorios.

Una estrategia novedosa en Argentina, estudiada por Silvana Flores Larsen, investigadora adjunta del INENCO y su equipo de trabajo, es la implementación de muros verdes sobre la fachada de edificios, que tienen en cuenta la orientación respecto del Sol y las propiedades térmicas de la vegetación.

“Trabajamos con lo que se llama las doble-fachadas vegetales: se cubre una malla por delante del edificio, donde se plantan distintas variedades vegetales, como enredaderas. Este sistema de fachadas doble tiene muchas ventajas desde el punto de vista urbano ya que además de disminuir el consumo energético del edificio debido al sombreamiento producido por las plantas, colabora disminuyendo el dióxido de carbono (CO2), fomentando la biodiversidad urbana, refrescando el ambiente, mitigando el efecto de isla de calor y disminuyendo los ruidos ambientales”, cuenta.