Hace 60 años los cocheros, poetas y malandrines de la salta obrera se juntaban en la borrachería de Balderrana. Tres hermanos chilenos saciaban con vino en jarra, picanteadas y comidas de olla el apetito voraz de los trasnochados parroquianos.

 

Todo ese microclima que generó Boliche Balderrama seguirá. Así lo hicieron saber sus familiares en la noche lluviosa del martes en el hotel Panamericnao de Buenos Aires, donde además hubo salteños de pura cepa animando la velada: cantaron Chaqueño Palavecino y Guitarreros, el grupo que toca cada noche en la peña salteña.

 

Balderrama es un lugar con historia. En 1908 se construyó un canal de desagüe de las aguas pluviales de los altos de la ciudad. En la esquina de Esteco y San Martín, a mediados de marzo de 1953 Daría, Celestino y Juan continúan la dinastía familiar de servir comidas y copas.

 

Antes de la década de 1970 el lugar era sólo era un pasatiempo de guitarreros, poetas y amigos de la casa con libreta para el fiado y deudas a cobrar. Gustavo “Cuchi” Leguizamón solía frecuentar sus pisos de ladrillos, mientras Manuel J. Castilla acariciaba su barba blanca mirando los techos de zinc corroídos por los años. Cuando caía el sol comenzaban las tertulias: Castilla en bicicleta, el Cuchi ensacado de gris o negro como todo intelectual de la época.

 

Entre copas y barajas comenzaron a construir el  himno que inmortalizara la esquina, en cuotas de versos y acordes perdidos. Amanecían con el llamado de las patronas que venía a retirar a los juglares para que cumplan con la obligación de parar la olla.

 

El tiempo pasaba y la zamba no paria, entonces Daria -con enérgico carácter- se plantó frente al asombro de los compositores y sin más vuelta sentenció: “No hay zamba, no hay más vino”. En segundos apareció una guitarra y una melodía purita del “Cuchi” vestía las palabras simples y descriptivas en ritmo de zamba: qué otra cosa podían escribir dos salteños.

 

Los años y el creciente turismo llenó de fotos las paredes del lugar, boxeadores, presidentes, actores, famosos de cualquier ámbito se retrataban con Don Juan detrás del mostrador.

 

Don Juan se despidió del mundo en los primeros días de abril, partió al silencio desde de su templo rodeado de sus recuerdos y una montonera de amigos. Pero queda la tranquilidad de saber que la hija menor del patriarca continuará al frente del boliche y Salta mantendrá para la historia 60 años más de folklore según prometieron sus familiares,

 

Balderrama apagó su lucero, pero el boliche seguirá recibiendo a los visitantes para conocer el por qué de la zamba que Mercedes Sosa paseó por mundo.

Por Pedro Daniel Spinelli
Fotos: Archivo EF