Fotos: Juan Carlos Casas

El Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU) y el Distrito de Diseño celebra la historia y el presente del barrio Barracas. Su proceso de crecimiento, de su apogeo en torno a la producción, su posterior deterioro y su actual transformación, expresada a través de la refuncionalización de los espacios productivos y puntos de interés de valor arquitectónico que lo Barracas, una de las zonas más antiguas de Buenos Aires y supo ser un importante polo industrial.

Mirar Barracas muestra la identidad del barrio como también la potencialidad del Distrito de Diseño, a través de un recorrido por sus calles que exhiben la presencia de la industria desde el siglo XIX hasta la actualidad, e invita a conocer los hitos arquitectónicos, edificios, parques públicos, hospitales, escuelas y edificios de vivienda de una Barracas moderna en pleno proceso de transformación y un Distrito que se está construyendo.

Algunos de los puntos de interés que integran el recorrido son las ex Fábricas Alpargatas, Bagley y Cruz de Malta, el Hospital Británico, la Iglesia del Sagrado Corazón y la Escuela Joaquín V. El colorido edificio Central Park (pintado por el artista Pérez Celis), rodeado de un centro de ventas con descuentos sobre la calle Herrera. O los históricos bares: Los Laureles (Iriarte al 2200); El Progreso, en Montes de Oca y California y La Flor de Barracas, en Suárez y Arcamendia. 

La recuperación de La Flor sorprendió hasta a los vecinos, que ya lo veían venido abajo. Victoria, la nueva dueña se lo compró a Mercedes Soto –viuda de uno de los españoles que lo manejaron durante más de medio siglo– se cansó de mantenerlo sola, y cuando todo el barrio ya pensaba que el cartel de venta –que ofrecía esa esquina a cambio de 300.000 dólares para hacer un hostel o un local de tango para turistas– anticipaba una demolición, y luego, posiblemente, la llegada de una torre.

“Dicen los vecinos que este bar es anterior al Normal 5 que está acá enfrente, y que acaba de cumplir 100 años. El mozo que acompañó siempre a Mercedes me contó mil historias: que antes se llamó Tarzán, y antes, La Puñalada. Los últimos dueños vivieron el esplendor: laburaban con las fábricas, las 24 horas. Después se cayó y la gente dejó de venir. Cuando lo compré no quise cerrarlo y dejar a sus parroquianos sin su cafetín, y hasta Mercedes me agradeció que siguiera adelante; pero es una gran responsabilidad, también”, comenta Victoria, que llegó a Barracas sin experiencia en el rubro gastronómico, pero confiando en el potencial de la zona.

El programa invita a participar en dos propuestas gratuitas: talleres relacionados y recorridos guiados a pie o en bicicleta, con consignas que invitan a bocetar y retratar la zona (salida desde el CMD, Villarino 2498, donde hace muchos tiempo se forjó el mercado de venta de pescado), todos los sábados a partir del 13 de septiembre a las 11. 

Fotos: Los Laureles (apertura) parroquianos tocan la guitarra, La Flor de Barracas, Victoria, la dueña, en La Flor; Central Park.