Alamos, eucaliptos, sauces, pinos, aromos, araucaria, robles, y acacias, entre otras especies, son las estrellas de la Estación Forestal del INTA, en la ciudad bonaerense de 25 de Mayo, ubicada a 220 kilómetros de Buenos Aires. Esta unidad del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) es un referente forestal a nivel nacional. Desde allí, se desarrollan actividades de investigación, producción, extensión y educativas, y colabora con el desarrollo forestal de la región pampeana extendida (provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba, y Santa Fe), y otros territorios del país.

Unidad Forestal: El paisaje que dibujan los distintos colores de los árboles dan un marco impactante que, junto con los distintos aromas de las plantas y el silbido de las aves, conforman un lugar ideal que invita a la meditación y al rélax, en cualquier estación del año. Es imperdible detenerse a mirar en cada rincón del casco que donó Juana Durañona en 1910 al INTA. La estación está ubicada a ocho kilómetros de 25 de Mayo, y el predio ocupa unas 115 hectáreas (de las cuales, 65 fueron donadas por Juana Durañona). En sus comienzos funcionaba como Escuela Práctica de Cultivos Industriales, y en 1970 se convirtió en Estación Forestal, dependiente de la Asociación Cooperadora del INTA Pergamino. “Esta unidad es un ícono en cuanto al desarrollo foresto-industrial. Aquí producimos plantas y semillas forestales, y canalizamos la comercialización a través de la Asociación Cooperadora, que es quien nos da sustento a todo el mantenimiento. Trabajamos para crear conciencia y promover el desarrollo foresto-industrial de la zona”, dice Vicente Dell’ Arciprete, ingeniero agrónomo y director de la unidad.
Las actividades en la estación arrancan a las 5.30 de la mañana. Una combi traslada al

personal desde la ciudad hasta la unidad. Vicente, junto al capataz Daniel Vela, reúnen al personal todas las mañanas para organizar el plan de trabajo diario. “Aquí trabajan 10 personas, algo escaso para semejante organización y las innumerables labores a cumplir diariamente. El INTA tiene un control administrativo y social a través de los consejos regionales en los cuales están representadas las entidades del campo, la comunidad científica, las provincias, los profesionales del INTA, que no lo tiene otro organismo del estado”, comenta Dell’ Arciprete.

Producción. Desde esta unidad, y de distintas áreas productoras fuera del establecimiento, se obtienen grandes cantidades de semillas que se almacenan en lugares especiales para su clasificación y conservación dependiendo según los requerimientos específicos de cada especie. La mayoría de ellas se hacen por semilla, y las menos, como los álamos y sauces, se multiplican de forma asexual por medio de estacas. Al sembrar las semillas, se obtienen los plantines, y luego todo el proceso: trasplante (hay distintos tipos de envases o macetas de cultivo), de crianza (durante uno, dos, o más años). Según la especie, se pueden criar en envases, y otras a campo. El ingeniero Dell’ Arciprete aconseja que cuando se trata de un eucaliptus, un ciprés, o un aromo, es decir, de especies grandes, es conveniente hacerlo directamente en macetas de cultivo, porque en 6 meses o un año van a estar listos para colocarlos en la plantación definitiva. En cambio, para una especie ornamental, es necesario tenerla en vivero o a campo, 2 o 3 años para que llegue a una altura determinada para ser plantada definitivamente. Dependiendo de las condiciones de producción durante el año, en la unidad se trabajan unas 100 especies, y se producen aproximadamente 700 kilos de semillas según la demanda.

El proceso. Parte del trabajo más importante en esta unidad del INTA se realiza en el área de producción de semillas forestales. En este sector se clasifican las semillas teniendo en cuenta la calidad de origen, las épocas de cosecha, la procedencia, la separación de semilla del fruto, el secado, el almacenamiento y la conservación. Todo comienza con la elección del árbol del cual se quieren extraer las semillas. El personal de campo recolecta los frutos o las ramas, según la especie, subidos a las plantas con altas escaleras y un equipo de seguridad. Luego trasladan la cosecha a las canchas de secado donde se deshidrata el material. Para prevenir de las aves y las hormigas, se utilizan tejidos de media sombra que cubren todo lo recolectado. Después de 15 o 20 días soleados, las canchas se destapan y se comienza a trabajar en los frutos. Éstas se separan, y se trasladan a los catres de secado donde continuamente se remueven para separar las impurezas. Luego se traspasan a la máquina desaladora, donde las semillas quedan totalmente limpias: “La máquina se hizo en conjunto con la escuela técnica de 25 de Mayo. Lo hicieron los alumnos, la unidad le dió el material y la idea. Teníamos una máquina casera, muy vieja, y queríamos hacer algo más práctico, de mayor rapidez de trabajo, y con mejor tecnología”, dice Dell’ Arciprete. Por último, el material recolectado se traslada al depósito de semillas, donde se fracciona y se almacenan hasta el momento de su venta. Pero hay algunas especies más sensibles a las distintas temperaturas, y en ese caso, se depositan en la cámara frigorífica, que posee una capacidad para más de 500 kilos. Allí se alojan las semillas de especies que se deshidratan rápidamente como los robles, las araucarias, y algunos géneros de acacia, y mantienen su poder germinativo. En el caso de las semillas que tienen vida útil de más de un año, hay que producirles un cambio brusco de temperatura ya que en ese tiempo la semilla está dormida y necesita reactivarse para germinar.
 Buena Madera. La Estación Forestal 25 de Mayo produce y comercializa una gran cantidad de plantas y semillas para forestar, y sobre todo, se destaca en calidad genética de álamos, sauces – hoy con una cantidad importante de clones inscriptos en el INASE (Instituto Nacional de Semillas)–, y eucaliptos. Los álamos se caracterizan por su gran adaptabilidad ecológica, y permite su implantación en suelos marginales para otro tipo de aprovechamiento. Los sauces son de gran utilidad para contener cursos de agua o como cortinas rompevientos. Ambos son de uso para obtención de celulosa para fabricación de papel, debobinado, cajonería, carpintería, y otros usos.
En cuanto al eucalipto, esta unidad fue una de las primeras en el país en experimentar y difundir el Eucalypto Dunnii, que lo introdujo de Australia, especie muy requerida por los forestadores de Argentina, Uruguay y otros países. Luego lo lanzó al mercado obteniendo importantes resultados, y actualmente cuenta con un huerto semillero inscripto en el INASE para obtención de semilla certificada.