El Delta del río Paraná posee la población más austral y amenazada del país del Ciervo de los Pantanos (Blastocerus dichotomus), especie declarada Monumento Natural por la ley provincial 12.209, la máxima protección legal que la Provincia de Buenos Aires otorga a una especie silvestre.

En el Bajo Delta del Paraná sólo quedan unos 500 individuos dentro de una matriz de plantaciones comerciales de sauce y álamo. Como parte de su comportamiento natural, el ciervo se alimenta de brotes frescos y, a veces, con la cornamenta rasca las cortezas de los árboles. Estos hábitos causan daños en las plantaciones, razón por la cual investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), junto con productores y asociaciones civiles, trabajan en la búsqueda permanente del equilibrio que permita la convivencia entre la producción y la conservación de esta especie. 

Para determinar con certeza cuál es la situación real, el equipo de investigadores del Proyecto Pantano indagó sobre la percepción que poseen los productores forestales sobre los daños que generan los ciervos en sus plantaciones y comparó los resultados, mediante relevamientos a campo, con el daño real que éstos efectivamente causan.

Para Javier Pereira, investigador del Conicet y director del proyecto, los productores tienen una visión particular sobre el daño que genera el ciervo, lo presentan de una manera sobredimensionada y la mayoría de ellos lo percibe como un gran conflicto, pero, según el relevamiento hecho a campo, en muchos establecimientos no se encontraron daños, o eran menores, y no se traducían en grandes pérdidas”.

La investigación mostró que, sobre un total de 76 productores, el 76% reportaron daños a los árboles generados por el ciervo  (hojas ramoneadas, corteza deshilachada por el restregado de las astas), pero la mayoría, productores grandes y medianos, percibió bajos niveles de daño por propiedad con efectos económicos insignificantes.

Sin embargo, según Natalia Fracassi, investigadora del INTA y parte del proyecto: “El 5 % de los productores, normalmente empresas familiares, percibieron altos niveles de daños y pérdidas económicas y apoyaron la eliminación de individuos como opción de manejo”.

Muchos productores no están tan atentos al daño porque tienen un resguardo económico, pero no ocurre lo mismo con quienes tienen pocas hectáreas de producción, como los mimbreros con una o dos hectáreas, que si se les presenta algún daño podrían verse afectados económicamente”, afirmó Pereira.

Lo medular de la investigación es compatibilizar la actividad forestal con la conservación del ciervo de los pantanos. “Queremos que sea armoniosa la convivencia a partir de buenas prácticas”, destacó Fracassi y agregó: “Tenemos información de base, como la distribución del ciervo y su ecología espacial (áreas de vida, movimientos a escala fina, preferencias de hábitat) para identificar distintas soluciones y plantear estrategias que minimicen los daños ocasionados por el animal sobre las plantaciones forestales y que el productor no los persiga”.

Según los expertos, el futuro del ciervo depende de la integración del manejo forestal a la estrategia de conservación de la especie y de la generación de prácticas de producción compatibles con el mantenimiento de la biodiversidad.

En el trabajo presentado, del que participó Eugenia Iezzi, becaria doctoral del Conicet, explica que existen productores que “manejan muy bien la existencia de los ciervos en sus plantaciones y otros que tienen muy arraigada la caza como modo de vida, para los cuales se transforma en un recurso de carne, aunque esté penado por la ley.

También, están quienes lo fomentan como un recurso turístico e impulsan actividades recreativas y de conservación del hábitat para los ciervos. “Esto es bienvenido porque significa poner en valor al animal y sus espacios para fomentar su conservación”, afirmó Pereira.

El proyecto plantea, además, diversas actividades de sensibilización y educación organizadas junto con los productores para quienes “el ciervo es parte de su identidad, del paisaje y de la región del Delta”, afirmó Pereira.