Forajidos de la Patagonia, el disparatado filme en clave de western de Damián Leibovich es el derrotero de un cineasta frustrado por conseguir un botín escondido a principios del siglo XX en el sur argentino, se estrena este jueves en el Gaumont y el Espacio Incaa Palpalá de Jujuy.

“Se trata de una comedia de aventuras con elementos de western”, sintetizó Leibovich a Télam sobre una trama que incluye pinceladas de acción, humor absurdo, reseñas históricas, tiros, persecuciones, amores obsesivos con destinos psiquiátricos y parodias al propio cine nacional.

En esencia cuenta la historia de Pancho (Juan Manuel Rodil), un joven y deslucido realizador independiente que conjuga su trabajo como telemarketer con la desesperada y estéril búsqueda de financiamiento para su película -excesivamente- independiente.

Frustrado ante la negativa tajante de los productores que ven en su largometraje un compendio de lugares comunes y poco rentables, el joven recibe un dato de su abuelo Fausto (Horacio Dener) para encontrar en Chubut el tesoro que el famoso ladrón estadounidense de trenes y bancos, Butch Cassidy, dejó al huir en 1905.

El puntapié para hallar el sustancioso botín es la aparición de un cuadro, pintado por el mismísimo Cassidy, que encierra en su dibujo el lugar donde está enterrado el tesoro.
Pero robar la pintura de la municipalidad de Cholila no será tarea sencilla: Pancho se cruza con Nancy Keegan (Carla Pandolfi), una comprometida funcionaria pública, su psicótico enamorado Aníbal (Adrián Garavano), Dimitri (Hernán Varelax), un buscador de tesoros profesional, y un comisario que lo persigue por un delito ajeno.

“En 2004 me fui con mi familia de vacaciones a El Bolsón y un taxista me comenta que en Cholila están las cabañas de Cassidy y empecé a fantasear con qué hubiera pasado si dejaba algo oculto en su paso por la Patagonia”, explicó Leibovich sobre el germen que traccionó el guión que urdió junto a Juan Cruz Varela.

El objetivo, según coinciden ambos, fue contar qué hubiera pasado en esos años que quedaron fuera del filme Butch Cassidy y Sundance Kid, que Robert Redford y Paul Newmann protagonizaron en 1969.

Devenido en una suerte de Indiana Jones de bajo presupuesto, Pancho va deshaciéndose del traje de patético cineasta sin nada que contar para convertirse en un verdadero héroe.

“El filme empieza con un pibe que quiere hacer películas y que termina haciendo la película que puede hacer”, dijo Varela sobre la historia del protagonista que podrá verse los días 8 y 9 de noviembre en el Espacio Incaa de Trenque Lauquen; y el 11 y el 16 en el de Bariloche.

“Lo que le pasa a Pancho es un poco autorreferencial -confesó- porque al principio detentaba esa cosa del nuevo cine argentino en el que no pasa nada y al final encuentra algo para decir, pero lo cuenta como puede”.

Y si alguien sabe de adaptarse a las posibilidades presupuestarias a la hora de hacer cine son ambos guionistas, que tuvieron que modificar la trama y reemplazar tiros, persecuciones y helicópteros hasta el mismísimo primer día de rodaje.

“Si uno pretende aferrarse a un guión, necesariamente necesita otro presupuesto. En nuestra circunstancia no se puede. Entonces decidimos mantenernos fieles a lo que queríamos contar y trabajar mucho el guión”, agregó Leibovich sobre el filme que le demandó siete versiones diferentes.

Luego, cuando casi parecían acercarse a un resultado final, Fabián Bielinski, el realizador de Nueve reinas (filme donde Leibovich había trabajado de segundo asistente de dirección), fue contundente: los malos no eran lo suficientemente hostiles y causaban más risa que miedo. “Eran todos una parva de inútiles”, reconoció Varela.

Así es cómo ahora, con ajustes y contraajustes que fueron perfilando mejor la historia, pero sin perder el toque personal y delirante que le imprimieron los autores, “Forajidos de la Patagonia” llega para engordar la batea de un género muy poco explotado en el país.

 

Fuente: Télam.