Texto y fotos: Fabio Javier Arce. Lector de El Federal. Nacido en la ciudad de Trevelin (Chubut) en 1980. Es propietario de una librería en su ciudad y está terminando el Profesorado de Historia. Publicó artículos en revistas de información histórica y cultural. Le gustan los caballos criollos y salir a cabalgar por las montañas.

 

Secretos de los criollos patagónicos.

 

El caballo criollo tiene características indispensables para cabalgar en la Patagonia. Tiene una terrible fortaleza para trepar lomas y sierras de altura, cruzar ríos correntosos de cordillera, de aguas heladas. Son los más indicados para realizar cabalgatas en nuestros terrenos montañosos.

Al ser un caballo con una estructura chica necesitan o se mantienen con poco alimento. Aquí comen hojas de árboles y siempre están frescos y vivaces para continuar el viaje.

Tienen un pelaje rústico, ideal para protegerse de los obstáculos que el bosque cordillerano presenta; montes bajos, ñires, caña colihue, por nombrar algunos. Cuando se cabalga por la montaña la marcha es más o menos lenta…Se va al tranco.

 

Recordemos que estos senderos de montaña son angostos y presentan dificultades como zonas pantanosas u los ojos de agua.

En trayectos largos el jinete debe llevar un pilchero, como llamamos al caballo de carga. Es que en un solo caballo no caben todas las pilchas o instrumentos de campamento. Al pilchero lo lleva de tiro el caballo de montar.

Destacado:
No hay que llevar atado el pilchero al pegual, porque se puede cansar al caballo de montar. En trayectos largos, además, hay que cada tanto desmontar y acomodar el recado, para que no lastime la panza del animal.
 

En las cabalgatas un destacado es el aire puro de montaña mezclado con el de la vegetación de nuestra Cordillera de los Andes.

Otro destacado son los espejos de agua o arroyos que nacen en las cumbres nevadas. Allí aprovechamos para hacer  algunos tiros de pesca con equipo de mosca. Las truchas de gran porte están al caer…

Como de costumbre, y porque la tradición así lo requiere, hacemos un alto al mediodía para disfrutar de un asado criollo, cocinado con leña que recogemos del lugar.

Mientras el asado se cocina, le aflojamos la cincha a nuestros pingos, les damos agua en algún arroyo cercano, les sacamos los frenos para que se puedan alimentar y reponer fuerzas.

Con una ronda alrededor del fuego, comienza la ronda de mates. En el grupo habitual hay dos guitarristas.

En general, cabalgamos un par de horas y buscamos lugar para acampar. Tratamos de que sea un lugar reparado: que nos cubra del viento de la Cordillera y de las posibles lluvias.

 

 

 

Para realizar estas cabalgatas, hay que tener ciertos recaudos con los caballos.
En principio deben estar herrados de manos y patas; recordemos que en las regiones montañosas existen terrenos con piedra, bien duros.

Destacado:
También hay que “alivianarlos” antes de salir a cabalgar. Esto se logra con atarlos un rato antes de la partida (para que no coman hasta último momento). Si no tenemos esta precaución, tendremos que salir con cuidado, sin agitarlos, ni apurar la marcha.

Cuidado y limpieza del caballo.

Aquí los suelos son húmedos y gredosos. Entonces es importante conservar el pie del caballo en las mejores condiciones de higiene. Limpiando los vasos, se evitan enfermedades, que en algunos casos llegan a ser irreversibles. La limpieza de los vasos se debe realizar en forma cotidiana con escarba vaso o un cuchillo o una espátula. Se sacan todas las adherencias que tenga el casco.

Cuando vamos a ensillar el caballo tenemos que prestar mucha atención que la sudadera -pelera- no tenga ningún tipo de espina o abrojo típico de esta zona. Ellos podrían lastimar el lomo del caballo. Antes de ponerle la sudadera, se le pasa la mano o un cepillo con una pequeña repasada y listo, quedamos tranquilos. Luego continuamos con los mandiles y la carona. Luego la montura (en mi caso), el cojinillo, el pegual y lo cinchamos para apretar el recado.

El caballo necesita comer y beber. Entonces necesita tener a su alcance el alimento cuando lo precise.

Antes de introducir un caballo en un establo debe limpiársele a fondo y, si ha estado
en lugares fuleros, hay que desinfectarlo. Pero siempre antes hay que limpiarlo porque la suciedad no permite actuar a los desinfectantes.

Lavar al caballo con agua y jabón es una forma de limpieza para cuando está grasiento. Atención: No hay que enjabonar al caballo con demasiada frecuencia ya que el exceso de jabón puede resecar la piel, y deja el pelo sin brillo. Si optamos por usar un champú, debe ser suave, como el de los niños o el que se fabrica especialmente para la limpieza de animales de pelo.

Hay que comprobar el estado de las herraduras y los clavos que las sujetan. Si se lleva alguna de las herraduras suelta, se corre el peligro de que el caballo la pise, se doble, se rompa o peor, que lastime el vaso de nuestro montado.

Cuando se limpian los vasos de las manos, la persona se coloca mirando hacia la cola del caballo, sujetando las manos por la articulación o por el pelo. Para la limpieza de los vasos de las patas traseras, también se pondrá mirando hacia la cola, pero sujetando por debajo del pie con el brazo.

Después de estos recaudos, estaremos listos para salir a cabalgar en la Patagonia.

Destacado:

Cuando vamos a ensillar el caballo tenemos que prestar atencion de que la sudadera -pelera- no tenga ningun tipo de espina o abrojo tipico de estas zonas. Esto podria lastimar el lomo del caballo.

 

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