Esta vez la aventura trata de ser un verdadero vaquero. Al vaquero lo identifican el revólver y el rifle. También su relación con el caballo, tan estrecha como la que tuvo nuestro gaucho. El caballo del vaquero es el Cuarto de Milla y todo el mundo los conoce por haberlos visto en películas o series de televisión. El Cuarto de Milla atraviesa un desierto, arrea cientos de vacas cruzando un río, corre a toda velocidad en medio de un tiroteo. Las imágenes de estos animales son infinitas, cada uno tendrá su preferida. El Federal viajó a Cañada de Gómez, Santa Fe, para conocer todo sobre la raza, en uno de los haras más importantes del país. Así se podrá ser un vaquero por unas horas y cumplir uno de los sueños que se arrastran desde la infancia. A no preocuparse, El Federal viaja desarmado pero con las botas puestas.
“¡Qué caballos!”, se dice apenas se los ve asomando las cabezas por los boxes. “¡Qué caballos!”, se dice en medio de la manada de yeguas. “¡Qué caballos!”, se repite otra vez cuando por fin se los monta. Los Cuarto de Milla son sorprendentes. Alvaro Lucena es el propietario del haras San Ignacio Kavajú. Además, es el presidente de la Asociación Argentina de Caballos Cuarto de Milla. “Los caballos le hacen bien a la gente. Son hermosos los caballos”, comenta y da la bienvenida.

Cuna texana. Lucena se viste como un vaquero aunque enseguida aclara que “nadie deja de ser argentino por usar sombrero o botas texanas”. En las competencias, el reglamento dice que deben usar camisa larga, jeans, botas y sombrero. Además todos usan espuelas. Lucena cuenta que es fanático de toda la vida y que en la primaria sus composiciones siempre eran sobre caballos. El hombre se mete en un corral y los animales se le acercan, lo olfatean, le piden caricias. Es evidente que lo adoran.
En el haras viven 40 animales. Al plantel de madres lo conforman 12 yeguas, entre ellas María, la primera yegua nacida en el haras, tres veces Gran Campeona en Palermo. Hoy tienen en doma y entrenamiento a 12 caballos. Lucena es jinetazo. Y también lo son sus colaboradores Renzo Orono (27) y Gonzalo Retama (23). La raza, considerada como la más versátil, tiene dos líneas de cría: una de trabajo con hacienda y otra de carreras. Esta raza es la más veloz del mundo en los 400 metros. Por eso son usados en nuestras cuadreras, tan comunes en el interior del país. Lucena cría la línea para trabajo en el rancho, busca ejemplares generalistas.
La cuna de la raza está en Estados Unidos, donde viven unos 5 millones de ejemplares. La American Quarter Horse Association está radicada en Amarillo, Texas. La historia cuenta que la raza surgió de una necesidad. Los pioneros que llegaban al Oeste, se dieron cuenta de que los caballos ingleses no eran adecuados para esa nueva tierra. Ellos necesitaban un caballo de buen temperamento, ágil y fuerte para llevar cargas pesadas. Así fueron cruzando razas, sangre árabe incluida, hasta obtener un caballo tan inteligente que aparta ganado tomando sus propias decisiones, sin que el jinete le tire de las riendas.  

Competencias. Lucena está feliz porque acaba de llegar de viaje por Estados Unidos. Estuvo en Houston en una competencia mundial llamada “Versatility Ranch” (Versatilidad en el rancho). En ella, se trata de representar los trabajos del vaquero con ganado, entre otras pruebas. Lucena trajo del viaje recuerdos imborrables y también 11 potrancas y un padrillo. El haras es alucinante. Hay boxes, una pista techada, un picadero redondo y una pista descubierta. 
En la Argentina la asociación realiza competencias. Ahora los vaqueros montan y van explicando de qué se trata. El “Western Pleasure” (Placer del Oeste) es ideal para los iniciados. Se juzga al caballo por la fluidez en los movimientos y por la atención y respuesta a los comandos del jinete. Dan vueltas grandes al paso, trote y galope, para ambos lados a velocidad regular. El jinete va con las riendas colgando, casi no le tira de la boca. “El uso de las piernas es tan o más importante que el de las riendas. Además es fundamental cómo se le traslada el peso al lomo del caballo. Si te tirás para atrás, le dejás las manos más libres y va a poder girar mejor. Si abrís las piernas, el caballo sabe que es para frenar. Y no hay que olvidarse de las instrucciones con la voz”, explican los jinetes. 
En la de “Rienda” se evalua la agilidad y control. Las maniobras incluyen “spins” (giros sobre las patas), “rollbacks” (parada y giro de 180º), cambio de manos y círculos con cambio de velocidad. También realizan la espectacular rayada, haciendo frenar al caballo metiendo las patas en la tierra. Los Cuartos de Milla demuestran una docilidad asombrosa cuando realizan las mismas pruebas sin el freno puesto, con solo las riendas pasadas alrededor del cogote.
En el “Cutting” (aparte) se busca representar el trabajo con ganado. El caballo se enfrenta con una vaca en una lucha mental. Es increíble, pero pareciera que el caballo pudiera leer los pensamientos de la vaca y se va anticipando. El “cow sense” o sensibilidad ganadera es una de las características sobresalientes. El caballo y el jinete deben apartar con tranquilidad un animal de un rodeo, arriarlo hasta el centro de la pista y mantenerlo separado del rodeo. Los movimientos del caballo de aparte deben corresponderse con los de la vaca, como un espejo. Lucena entrena a una de las potrancas nuevas y sale volando cada vez que la vaquillona trata de escapar.
La prueba de “Estacas” es parecida a la de un esquiador en una carrera de slalom: el caballo debe recorrer un esquema similar en una serie de 6 estacas, con 6,5 metros entre una y otra. Caballo y jinete pasan entre ellas a toda velocidad. El “Team Penning” es una competencia en equipo. Tres jinetes deben, en un tiempo máximo de 2 minutos, apartar de un rodeo tres cabezas de ganado identificadas y encerrarlas en un corral. Y por último, la de “Barriles”, una de las competencias que más entusiasmo genera. Aquí se puede observar la velocidad y agilidad de la raza en todo su esplendor. Los competidores corren contrarreloj, en un recorrido de tres barriles en un esquema triangular, también conocido como “hoja de trébol”. Lucena comenta que todo lleva mucho tiempo de entrenamiento y que diseñan uno específico para cada animal, teniendo en cuenta el carácter de cada uno. “Ellos tienen sus días, y hay que pasar horas con ellos para conocerlos bien. Cuando el caballo trabaja bien, el premio es el descanso, es decir, parar.”

La doma vaquera. En el haras esperan con ansiedad la llegada de Thomas Sanders, el jinete campeón de Houston, quien viene en octubre al país a dar una capacitación. “Todavía tenemos mucho que aprender”, reflexiona con humildad Lucena. Después de Estados Unidos, el país con más caballos y criadores es Brasil. En la asociación argentina hay registrados más de 23 mil caballos. Tienen más de 300 socios, de los cuales unos 270 son socios criadores. Con respecto a los valores, en “Nuestros Caballos 2011” el promedio en los remates por animal fue de $22.400 y en la Sociedad Rural de Corrientes de $15.233. Además, se consiguen inseminaciones de semen fresco de campeones entre $2 mil y $8.500. 
Renzo Orono trabaja con la raza hace 9 años. Cuenta que trabajar con estos caballos es cumplir un sueño. Jinete y caballo avanzan a todo galope levantando tierra a lo loco: la imagen es impactante. Su compañero, Gonzalo Retama es jinete de Entre Ríos y está empezando a conocer a los Cuarto de Milla. El trabajo empieza a las 5:30 de la mañana. Se les da de comer y a las 7 empiezan a montar. ¡Qué envidia, señoras y señores!
La doma empieza cuando el caballo tiene cerca de 2 años y medio de edad (Ver “Doma: paso a paso”). “Es una doma racional, bien tranquila”. Primero se le hace un baño de sogas para que pierda las cosquillas. También le pasan por el lomo una matra, lo ensillan y desensillan. Cuando el caballo se acostumbra pasa a la fase siguiente.
En el picadero circular, se lo empieza a varear sin jinete, ni montura. Este picadero es una línea recta infinita donde el caballo se siente contenido. Con una soga larga atada al bozal, el domador le va dando instrucciones. Durante 3 días se lo hace trotar y se le va dando rienda hasta que se lo hace galopar en ambas direcciones. Cuando se le dice “Ooooh”, el caballo debe frenar solo. “De a poco van comprendiendo el lenguaje corporal”. Con el ruido de besos (kissing) se los anima a andar, a arrancar. Cuando el animal comprendió esta parte, se lo ensilla y se repite el proceso con la montura durante otros 3 días.
La doma la realizan dos jinetes. Para que el animal comience a flexionar el cogote y entonces empiece a aprender a doblar, se ata una rienda cortita desde el bozal a la cincha de la montura. Tarda uno 20 días en aprender a flexionar bien para ambos lados. Para no abrumar a los caballos jóvenes, y para que siempre quieran volver con ganas al picadero, se los entrena solo media hora por turno.
La primera vez que se lo va a subir, el jinete se para sobre el estribo para que el animal sienta el peso. El caballo debe quedarse quieto. El ayudante sostiene la soga y va dando las mismas instrucciones que le daba antes, cuando no había nadie arriba. De a poco, el caballo aprende y el bozal se reemplaza por un filete. Al mes y medio el caballo ya aprendió y sale al campo. Para no tirarle de la boca, encaran una pared a toda velocidad y el caballo comprende que tiene que frenar. Impresionante: después de horas de entrenamiento, los caballos entran a competir a los 4 años de edad en los “Futurity o Potros del Futuro”.
“¡Qué caballos!”, comentan este cronista y este fotógrafo cuando se despiden para seguir recorriendo el país. Hasta la próxima, vaqueros. Gracias por una experiencia inolvidable.