La Hostería El Manantial queda en el kilómetro 171 de la Ruta 11, en plena Bahía Samborombón, partido de Castelli, provincia de Buenos Aires. El casco es prolijo y pintoresco, al igual que todo el paisaje. Abundan las aves y resalta el verde del pasto gracias a las últimas lluvias. El aire es fresco con notas a pasto recién cortado. Ignacio Sáenz Valiente está vareando una colorada en el corral redondo. Se baja de la yegua y se presenta sonriente y con un fuerte apretón de manos. Habla con paciencia y reflexiona unos segundos antes de conwwwar. Es capaz de hablar durante horas sobre caballos, una pasión que lo desvela.
Desde muy chico comenzó a domar petisos Welshpony con sus hermanos en Talas Grande, que formaba parte de la vieja estancia Rincón de López, donde Juan Manuel de Rosas se hizo hombre de campo. Posteriormente, Sáenz Valiente empezó a domar caballos de trabajo y de polo, siempre a través de la doma tradicional. Pero cansado de maltratar al caballo y observando una demostración del reconocido domador “racional” Martín Hardoy, comenzó a notar que había otro método de doma que prescindía de los golpes. Con la observación de distintos especialistas, fue adaptando diferentes técnicas y herramientas, hasta que logró disminuir los riesgos a cero, tanto del caballo como del domador. Así le dio forma a la “Doma Inteligente”, un modo de amansar a los caballos sin tener que someterlos a la brutalidad. En sus primeras palabras, describe su filosofía: “No es un sistema de doma, no es estática, sino que es dinámica. Es un concepto de doma: trabajar sobre la inteligencia del hombre y el caballo. La inteligencia es la capacidad de resolver los problemas con elementos con los que contamos, y esos son los conocimientos. La cría de caballos es costosa, y el productor no puede darse el lujo de perder caballos en la doma”, dice con seguridad, y luego agrega: “No me ato a una estructura de doma, sino que busco resolver los conflictos del animal y disminuir los riesgos durante el proceso de amansamiento”.

Dinámica. En El Manantial, Sáenz Valiente doma, da cursos, organiza cabalgatas, y también organiza actividades rurales con perros de arreo. Pero toda su pasión la vuelca en la Clínica de Doma Inteligente. El curso completo consta de cinco días con todos los servicios incluidos y entrega de diploma. Según Sáenz Valiente, lo ideal es domar un potro a los tres años, aunque a los dos y medio ya se le podría enseñar algunas técnicas a pie y con riendas largas. Durante la primera etapa, los alumnos aprenden la “sociabilización”, la parte más importante de la doma: es el primer contacto que el animal tiene con el hombre. Aquí, Sáenz Valiente busca la estabilidad del animal para que pierda los miedos y tenga confianza en el domador: “Es un trabajo de confianza y respeto. Para que me tenga confianza y me respete tiene que haber comunicación entre ambos, y buscar la confianza sin que pierda el respeto y buscar el respeto sin miedo”. En la siguiente etapa se realizan los trabajo de habituación que comprende ejercicios a pie, y donde el caballo aprende a cruzar las manos y patas, y a parar y recular. Luego de unos buenos ejercicios, Ignacio monta al caballo y realiza ejercicios al paso, al trote, y por último, el galope. Todos los caballos que doma Ignacio se trabajan desde abajo haciendo énfasis en las señales del domador, y técnicas como el uso del rebenque, el bocado y las maneas son totalmente descartadas, y reemplazadas por técnicas propias de Sáenz Valiente, como el uso de fustas con sogas y palos con bolsas, pero que no se utilizan para golpear al animal, sino como método de respuesta a la orden del domador. Estos elementos son claves, sobre todo para los caballos de trabajo en la hacienda, que deben quitarse el miedo al lazo, y a otros elementos que usa el paisano: “La mayoría son inventos míos, porque acá no hay estas cosas”, dice Sáenz Valiente.
La Doma Inteligente se puede aplicar en todas las razas equinas, pero según Ignacio, el domador debe estar atento a la exigencia de cada raza, a su especialización y disciplina: “Por ejemplo, el animal en el polo debe flexionar más alto que para otras actividades. No es igual que la flexión del cuarto de milla, que la cabeza se ubica en una posición más baja. La base y el concepto son los mismos”, resalta.
Ignacio aprendió la doma tradicional y otros métodos observando a los mejores domadores del país, pero también decidió cruzar la frontera y adquirir experiencia en Estados Unidos, donde confluyen distintas técnicas: “Fue una experiencia muy positiva. Visité centros de entrenamiento de unos 20 domadores y entrenadores para conocer sus trabajos. Allá la doma es totalmente distinta. Todo es metodología, saber por qué y cómo se hace. No hay nada de rigor ni maltrato”, dice Sáenz Valiente, mientras se para en el lomo del picazo. Un hombre con pasión por la enseñanza y los animales.