El cactus es originario de América. México y la Puna argentina son grandes cunas de esta vegetación. En el país hay más de 200 especies endémicas, distribuidas en todas las provincias, de Norte a Sur, exceptuando Tierra del Fuego. Es decir que existen variedades que soportan climas húmedos y ambientes selváticos. Hay cactus con formas globulares, cilíndricas o con tallos similares a las hojas. Mientras que algunos casos puede ser muy grande, hay algunos ejemplares que solamente alcanzan el centímetro de diámetro. Se desarrollan en lugares muy secos y calurosos, con precipitaciones anuales medias inferiores a 200 mm y con temperaturas superiores a 45 C. Los cactus suelen tener tallos espinosos y raíces. Sus hojas están por lo general muy reducidas, faltan por completo o se han transformado en espinas. Las flores de los cactus suelen ser grandes y vistosas, y se presentan aisladas en lugar de agrupadas en inflorescencias. El fruto suele ser carnoso y de color vivo. La vaina de la semilla no tiene divisiones internas que lo dividan en secciones. Estas bayas pueden ser secas, jugosas, suaves y espinosas. En el interior de la planta, se almacenan grandes cantidades de agua, aunque varias especies han desarrollado raíces tuberosas para almacenar más agua adicional.