Cada minuto en la Tierra se pierden 23 hectáreas en manos de la desetificación y la degradación del suelo, todos factores provocados por el hombre. Las Naciones Unidas advierten que de no hallarse una solución a esto a largo plazo podría tener como consecuencia la escasez de alimentos y la migración de población hacia lugares fértiles, lo que provocaría un desorden a la estabilidad de los países.

El pasado 17 de Junio se conmemoró en todo el mundo el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, males que afectan al mundo cada vez con mayor gravedad. Las Naciones Unidas lanzó un comunicado donde informa que “debido a la sequía y a la desertificación se pierden cada año 12 millones de hectáreas (23 hectáreas por minuto), donde se podrían haber producido 20 millones de toneladas de cereales. La pérdida de tierra cultivable es 30 o 35 veces superior a la tasa histórica y ya afecta a 1.500 millones de personas

El Secreatrio General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon confirmó: “Sin una solución a largo plazo, la desertificación y la degradación de las tierras no solo afectarán el suministro de alimentos, también propiciarán un aumento de las migraciones y pondrán en peligro la estabilidad de muchas naciones y regiones. Por esta razón, los dirigentes mundiales decidieron que lograr la neutralización de la degradación de las tierras sería una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible“.

“La desertificación, la degradación de las tierras, la sequía y el cambio climático están interrelacionados ya que como consecuencia de este deterioro en el suelo, las sequías son más intensas y se producen con más frecuencia, al igual que las inundaciones y las temperaturas extremas. Más del 50 por ciento de las tierras agrícolas están mediana o gravemente degradadas, y cada año se pierden 12 millones de hectáreas de tierra que dejan de ser cultivables”, destacó Moon.

Se conoce como desertificación de la tierra cuando en un proceso de degradación ecológica un suelo fértil pierde su potencial productivo. En este proceso interviene el ser humano, quien durante en las últimas décadas se inclinó por un modelo productivo basado en los agroquímicos, las semillas modificadas genéticamente y en la desforestación. En nuestro país hay dos casos que pueden ejemplificar esto: la desertificación que sufre desde hace casi un siglo el noroeste pampeano por la ausencia de agua en el Rio Atuel, y la situación que se vive en el Lago Colhué Huapi.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el 35 por ciento de la superficie de los continentes puede considerarse como áreas desérticas en las que sobreviven millones de personas en condiciones de persistente sequía y escasez de alimentos.

Desde el organismo internacional se llama a las naciones a “Proteger el planeta. Recuperar la tierra. Participación de la gente“. Se necesita concientizar a los pueblos que los únicos responsables del deterioro de nuestro planeta somos nosotros, y todos y cada uno tenemos la posibilidad de elegir el cambio. La agroecología y las energías renovables son las claves para volver más natural l vida en la Tierra.