Fotos gentileza Sepyme

Los dientes de la sierra se borran por la velocidad de la máquina, se hunden en la madera y enseguida desprenden una lluvia de astillas. En segundos, el suelo es un colchón de viruta, aserrín y pedacitos de madera sobrantes: algunos desafían las reglas geométricas; no son triángulos, les falta para ser cuadrados y están lejos de parecer rectángulos. Un poco más allá, un obrero encola la última pata de un mueble. Marca el fin de un proceso que empezó hace unos meses con el corte de madera, el secado posterior, el diseño de la pieza y el ensamblado. Pero también es el comienzo de otro proceso.

Transformar el mueble  

La descripta es una escena común en Caimancito, un pueblo ubicado a 130 kilómetros de la capital provincial, donde viven 5300 personas. Lo es desde que un grupo de carpinteros de esta región de Jujuy recoge los beneficiados del programa de fortalecimiento de cooperativas. La iniciativa surgió a partir de la conformación de la Cooperativa de Transformación del Mueble (Cootram), que nuclea a 23 carpinterías. Caimancito es una ciudad de 5300 habitantes. Sus pulmones económicos inhalan y exhalan madera. En esta localidad jujeña hay unas 120 carpinterías; 110 de las cuales son pequeñas o medianas y, al haberse formado hace tanto tiempo, lucen máquinas antiguas y sufren de la alta informalidad que caracterizó al sector del mueble: los productores aceptan las condiciones de regateo del comprador y deben malvender su producido. A esa realidad acudió el Ministerio de Industria de la Nación, a través de su programa Sistemas Productivos Locales (clusters), que capacitó a los trabajadores en el mejor aprovechamiento de la madera, el los instruyó con programas de diseño, con la idea de mejorar la calidad final. “Ahora se aprovecha mejor la madera: con la misma madera que antes hacíamos una pata de cama, hoy sacamos cuatro. Se hicieron capacitaciones especiales para la sustentabilidad de la materia prima. Y eso hizo crecer la calidad del mueble en un 500 por ciento”, dice Alejadro Carrizo, coordinador de la Cooperativa de Transformación del Mueble, a la que el Ministerio de Industria nacional aportó 189.624 pesos, gracias a lo cual construyeron un secadero en el departamento de Ledesma, dotado de alta tecnología para lograr una mejor calidad de muebles: beneficiará a más de 300 productores.

Desde que se inició el programa de Sistemas Productivos Locales, hace tres años, el Ministerio de Industria asistió a 947 empresas, en 81 grupos asociativos, que concentran un total de 5.919 puestos de trabajo en 18 provincias.

Además, allí funciona un espacio para el acopio de madera y herramientas de uso comunitario. “Es una de las mayores inversiones que hicimos porque no había secaderos en la zona. Ahora estamos en una segunda etapa tratando de replicar o aumentar hacia toda la carpintería esta experiencia que tuvimos con la cooperativa, para encaminarnos hacia un clúster”, anticipa Carrizo. Antes compraban en negro, sin conocer el origen de la madera. Trabajaban con madera verde. Eso producía que las averturas y las puertas construidas se torcieran, porque la madera sigue viva, se mueve con la humedad. Así, los muebles terminaban vendiéndose a un precio módico en las ferias. Pero, con el trabajo conjunto, la situación cambiÓ. “Este año probamos nichos de venta. Empezamos a competir, ya vendimos muebles en Buenos Aires y en Salta. Pero recién nos estamos posicionando en este largo camino de la venta”, dice el referente de la cooperativa maderera. 

Forestar para seguir

La construcción del secadero es muy importante para el sector maderero de Caimancito. La forma de secado natural, que se realiza para reposar la madera durante seis meses para el estacionamiento y secado, es muy costoso. Esto hace que los carpinteros comercialicen productos fabricados con madera verde, considerada de baja calidad porque con el tiempo se producen fisuras y desprendimientos en los encolados. Las ventajas de la utilización del secadero son: velocidad del secado, reducción de torceduras, destrucción total de insectos y larvas, ahorro de costos por tiempo de secado, y la facilidad de elaboración y acabados.

En la provincia son escasas las tierras forestadas. Las carpinterías utilizan maderas nativas de la selva tucumano-boliviana, como las de cedro, lapacho, quina, mora y algunas del parque chaqueño, como algarrobo. El riesgo es que la tala provoca la pérdida de bosques nativos y de especies vegetales y animales. En la Argentina ya se perdió un 82 por ciento de especies autóctonas en los últimos 100 años. El sector maderero de Caimancito se ve afectado por la falta de provisión de madera debido a un recurso de amparo que prohíbe la tala de bosques nativos en la región, presentado por grupos ambientalistas y comunidades originarias del departamento Santa Bárbara. “Es un tema grave, en el que ya se está trabajando con el sector forestoindustrial. Hay problemas para conseguir la materia prima, y es por eso que se está armando un plan sustentable en toda la cadena de valor”, admite Carrizo. Por eso, consientes de las consecuencias que atrae la tala, ya están trabajando en realizar pequeñas forestaciones para abastecerse de materia prima. Además, instalarán viveros de nuevas especies y de especies nativas. Están estudiando la posibilidad de sembrar especies arbóreas que componen el bosque nativo de la zona en un dominio de 25 hectáreas, asesorados por especialistas del INTA.

Cambios 

Con la mirada puesta en la competitividad, el plan pone a disposición de los productores, un diseñador que tiene a cargo la implementación de proyectos de diseño de mobiliario y la capacitación de los recursos humanos, para concientizar la importancia de la introducción del diseño en la cultura de las organizaciones. Pero hay más: el objetivo generar una plataforma que permite comercializar los productos en los grandes centros de consumo, capacitar a las pymes de todo el país para agregar diseño a su producción, y a su vez, mantener una explotación sustentable. Actualmente hay 15 estudios de diseño que están desarrollando diferentes proyectos. También se está trabajando en la construcción de una marca regional. “Los carpinteros estaban fuera del sistema, pero con el conocimiento del oficio. Eran usurpados por el mismo cliente, que es quien establecía los precios de los muebles. Es un proceso nada sencillo, porque la estética estuvo muy vinculada con la pobreza. En ese sentido es que creemos que el asesoramiento debe ser permanente”.

Sabe Carrizo que soplan vientos de cambio. Son vientos que empiezan a despeinar una realidad que pintó décadas de postergaciones. Con años en el oficio, con una mejora en la calidad de los muebles y diseños innovadores que buscan captar un mercado exigente, los carpinteros de Caimancito sueñan en silencio sus sueños de madera. Aprendieron que sólo después de los anhelos conjuntos amanecen las bellas realidades.