El circuito a la Garganta del Diablo, el mayor salto de las Cataratas del Iguazú, fue reabierto al público, a seis meses de la histórica crecida del río que se llevó el 80 por ciento de sus pasarelas desmontables, que fueron recogidas y armadas conforme el protocolo interno y a certificaciones oficiales.
Las pasarelas, que recorren más de un kilómetro sobre el río Iguazú hasta el mirador del emblemático salto fronterizo con Brasil, fueron reabiertas por autoridades de Parques Nacionales (APN), de la concesionaria del área turística de Cataratas, Iguazú Argentina, y de Misiones. El acto se realizó en el balcón más visitado de las Cataratas, frente al mayor de sus 275 saltos, encabezado por el presidente de la APN, Carlos Corvalán.
 
A poco de su apetura, cientos de turistas extranjeros, la mayorí­a brasileños y chinos, fueron los primeros en volver a ingresar al mirador de la Garganta del Diablo tras la inundación, donde se sacaron miles de fotos de recuerdo y exclamaban su admiración ante la majestuosidad del salto.
 
Hasta allí, las autoridades llegaron tras trasladarse a Puerto Canoas en el Tren Ecológico de la Selva, que conecta los puntos más importantes del sector turístico. Ante un grupo de invitados, medios de comunicación nacionales y extranjeros y turistas que quisieron ser los primeros en volver a disfrutar de este circuito, Corvalán destacó el trabajo de recuperación de los 1.200 metros de pasarelas que fueron dañados por la última gran crecida del rí­o Iguazú.

Los representantes del Estado y privados coincidieron en destacar “el profesionalismo y el empeño puestos de manifiesto por parte de los 45 trabajadores afectados a la labor, que en 90 días, lograron la restauración del 90 por ciento del Circuito Garganta del Diablo”, precisó la firma concesionaria a la prensa.

Iguazú Argentina también precisó que el circuito se reabrió “luego que el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), certificara que están las condiciones de seguridad dadas para habilitar el uso público del majestuoso paseo”.
 
En junio pasado, debido a las lluvias en la cuenca del Iguazú (mayormente en Brasil), el caudal que normalmente es de 1.500 metros cúbicos por segundo (m3/s) superó en pocos días los 46.000 m3/s, que consistió en la mayor crecida del río registrada en su historia.
El 8 de junio, cuando el caudal superaba los 4.000 m3/s se puso en marcha el protocolo de seguridad y se rebatieron los módulos de las pasarelas, para que no ofrecieran resistencia a la corrientes y así se evitaran daños a los pilotes de la base.
 
Del centenar de módulos que componen los 1.200 metros de pasarelas -normalmente a unos 10 metros sobre el agua- 82 fueron arrastrados corriente abajo, como lo contempla el protocolo, desde donde luego los recuperarían al bajar las aguas, para rearmarlas. Este sistema fue instalado en 1996, luego de décadas en las que las crecidas, aún menores que la de este año (la máxima había sido de 36 mil m3/s en 1992) destruían los pilotes y dejaban inhabilitado por años el acceso al mirador.
 
Cuando el agua descendió el nivel adecuado para recuperar los módulos y volver a instalarlos, en septiembre pasado, comenzó la tarea que llevó unos 90 días y cuyas normas de seguridad fueron certificadas por el INTI.
 
Las Cataratas de Iguazú, elegidas como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo en 2011, superó nuevamente este año los 1,2 millones de visitantes, aún con este circuito cerrado durante seis meses.