El Herbario, que pertenece al Instituto de Recursos Biológicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) preserva plantas con flores, coníferas, helechos, musgos, hongos, líquenes, hepáticas y algas de colecciones realizadas con ejemplares de la Argentina y de países vecinos y, en menor grado, de otras partes del mundo.

Renée Fortunato es la curadora de este herbario, quien destacó: “Observar la evolución de las plantas es fundamental para entender el impacto de la actividad del hombre y del cambio climático en una zona determinada”.

El material vegetal almacenado sirve para estudios taxonómicos, florísticos, biogeográficos y moleculares. De acuerdo con Fortunato: “El herbario tiene resguardadas plantas de sitios adonde, en la actualidad, ya no es posible encontrarlas. Ese material guardado nos permite saber cómo era una región determinada a finales de 1800 y cómo estamos en la actualidad, en relación con algunas especies que se han vuelto invasoras, ya sea las nativas o las que llegaron desde otras regiones asociadas a la modificación antrópica y biótica”.

Creado como parte del Laboratorio de Botánica, su registro de colección más antiguo es a partir de 1895. Además, gracias a la propuesta de Floras Regionales realizada en 1960 por el ingeniero agrónomo Arturo Ragonese, es referente en Flora Argentina de las regiones Patagónica y Chaqueña.

Inaugurado legalmente en 1899, el herbario comenzó a guardar ejemplares desde 1895. “Este catálogo botánico nació por el interés de saber cuáles eran las plantas tóxicas, las malezas, las forestales, las medicinales, las aromáticas y cuáles servían para la alimentación”, manifestó Fortunato y agregó: “Siempre hubo mucho atractivo en conocer qué recursos biológico había, dónde estaban y cómo se podían usar”.

Gracias al conocimiento de las especies, es posible desarrollar propuestas de bioprospección. Esta técnica se enfoca en el estudio de la naturaleza para encontrar sustancias químicas con posibles usos industriales, alimentarios, cosméticos y farmacéuticos, entre otros.

Los especímenes se encuentran deshidratados, procesados para su conservación a través del tiempo, identificados y ordenados según el sistema de clasificación taxonómica de Dalla Torre & Harms, adaptado según las actuales propuestas sistemáticas.