Fotos: Andrés Requena

 
El auto ingresó por la calle de tierra despacio. El chofer se encorvó para ubicar la dirección estampada en la pared de la casa. Un portón de madera se abrió silencioso de par en par y así terminó la búsqueda. Detrás, Roberto Trevilla, Taita Inti tras vestirse de blanco, fue el primer anfitrión de un encuentro chamánico en el noroeste del Gran Buenos Aires, en el que participaron pares del Perú, Argentina y México y mucha gente. Jorge Mañalich Arana, adherente al chamanismo tolteca (con funcionamiento en Argentina y sedes en Monterrey, Cuernavaca y Distrito Federal, México), se dedica a la transmisión de los conocimientos de los chamanes del México prehispánico, y de los chamanes del Perú. Realiza conferencias y seminarios chamánicos. En éste tipo de encuentros se le rinde culto a la madre tierra y al fuego con sendas ceremonias.

Actuar para vivir.

 

“El chamanismo es una pre religion, no llega a ser una religión. No tiene doctrina”, cuenta Jorge Herrero, chamám desde hace cinco años. Durante nueve practicó un yoga muy exigente, llamada surat shabd yoga. “Era sólo elevación espiritual, muy estricto. Me hice vegetariano, no podía consumir ninguna toxina, ni grasas, ni alcohol, ni carnes. Nada de café y mate. Pero mi vocación es ayudar a la gente y así no podés ir a un asado. O vas y solo comes verduras. Perdí el trato social. Cuando conocí a Mamacuna, ella se transformó en mi maestra espiritual”.

Un maestro debe cumplir con cuatro condiciones: debe ser un guerrero espiritual, ya que se va enfrentar con energías oscuras, y debe tener algo de vidente, sabio y sanador. Estas últimas tres condiciones se desarrollan, pero el maestro debe ser un guerrero, “para no sucumbir con los tíos de cuernos y cola”, explica.

 

 

Oscar Campos Quinto, del chamanismo Inkaiko, es miembro de la “Organización de los hijos del sol de Tawantinsuyo”, creador de la primera escuela iniciática chamánica indoamericana, llamada “Yachai Wasi”. Envuelto en plumas encendió una pipa y el frío se chupó al humo en menos de tres segundos. El indio giró la cabeza rápido, como si se le vinieran leones encima. Manoteó el aire como defensa e hizo descansar a la pipa sobre la mesa, como le dicen a la manta en donde se luce la parafernalia que los chamanes utilizan en sus ceremonias. Tomó la botella de caña y bebió un sorbo que expulsó con rabia. Repitió varias veces. Bendijo a la Pachamama lanzando alimentos a la tierra: polenta, harina, maíz. En el Perú aprendió las enseñanzas de la meditación solar y lunar para la evolución de la conciencia. “Jampi Camayoc es el hombre que cura que cura con planta sagrada, como la ayahuasca, el San Pedro (Ndr: cáctus que crece en el norte argentino) u hongos”.

Conservar el fuego.

La palabra chamán es de origen mogol. El chamán era el encargado de conservar el fuego, la forma más antigua de comunicarse con el espiritu cuando tomó conciencia de que era mas que un animal. “El número 4 es el número mágico de los Incas en los espíritus que gobiernan al hombre; el fuego (nina-nina, en quechua); la tierra (la pachamama); el agua (la mamacoccha) y el aire (waira). Se invocan a éstos espíritus. La luz es magia, cuando pedimos en fuego, pedimos calor. El sol nos da energía; el aire nos da el conocimiento; el agua, la calma para no haya tormentos. La madre tierra nos ofrece alimento, recibe nuestro cuerpo y cuida nuestros huesos…¿Cómo es que uno se siente como nuevo tras darse una ducha?”, se pregunta con gracia.

El tesoro del sueño.

En el contexto occidental cuesta mucho enterder algunas cosas. Por eso hay que revisar los mitos. ¿Qué es lo sagrado, por ejemplo? Si hacemos una encuesta, la gente diría que lo sagrado es algo con lo que no se embroma. Pero la mayoría tampoco tiene un concepto claro sobre qué es lo sagrado. En cambio, las sociedades originarias tienen un concepto muy claro, saben que algunas cuestiones equilibran los conflictos con el entorno y con otros grupos humanos. Hay que reestablecer un equilibrio perdido. Los chamanes son un vehículo, podemos llamarlos facilitadores. “La naturaleza actúa sin pedirnos permiso. Es así. El trabajo del chamán es intervenir cuando hay energia negativa. Muchas veces se hace con plantas. Solamente el que sabe trabajarlas las usa. “El peyote, en México, se sale a buscar en noches de luna. Hay que tener una comunicación con la planta”, analiza Lorena Garza, una mexicana rubia de voz dulce, encargada de ser la guardiana del fuego en la ceremonia nocturna.

Sabiduría ancestral.

Oscar Campos Quinto es un entusiasta en la recuperación de la sabiduría ancestral, lleva a cabo ceremonias de la Pachamama, de medicina ancestral de la huachuma, ayahuasca y otras medicinas originarias de su país. Recorre diferentes países para llevar este legado tan antiguo, de los cuales él es uno de los descendientes. “La mescalina busca al subconciente, que sale todas las noches cuando dormimos. Soñar, es acercarse a la muerte. Entramos a la cuarta dimensión. Puedes ver tu pasado, tu presente y tu futuro. A veces es muy díficil descifrar eso. Por eso hay chamanes que también trabajan en sueños proféticos”. Hay chamanes que se dedican a atesorar sueños. “Lo escribes y él los va comparando. Es como relizar una pintura abstracta”, grafica Campos Quinto.

Jampi le alcanza el sahumador con el que Herrero enciende carbones, copal, incienso, hoja de coca y romero; purificadores del ambiente. El olor es un olor como de otro tiempo, la conexión del mundo del espiritu al terenal se planta con un Padre nuestro en quechua, con la melodía de “Los sonidos del silencio, del dúo neoyorkino de folk-rock Simon and Garfunkel. El chamanismo es el resultado del choque de dos culturas: la española, que importó el cristianismo y los pueblos ancestrales, que le rindieron culto a la tierra. “Puedo invitar a Buda, a Krihsna, o a Shiva, otros maestros  espirituales”, agrega Herrero.

“Hay noches que son extraordinarias, se produce un rapport muy fuerte entre la gente que viene a las reuniones. Nadie se vuelve loco, nadie dice ni mú, nadie es emergente de nada ni de nadie. Es muy díficil definirlo. Cada tanto es inevitable el desborde de alguien, hay que manejarlo, no hay que dejar que prospere, porque sino viene el brote. Hay que hablar, recordar cosas de su cotidianeidad, lo vas llevando”, explican los chamanes.