Por Sonia Renison/ Fotos:Daniel Bragini

 

Unos guías de alta montaña que realizan travesías de a caballo en la Cordillera, en el sur de Mendoza, fueron interceptados por cuatro hombres identificados como la comunidad mapuche de Malargüe. Con un acta en la mano les pidieron firmar un acuerdo en el que los prestadores de servicios inscriptos en el registro provincial y nacional debían abonarles un canon de 45 mil pesos por todo el verano. La discusión era por la tierra, que son fiscales. La provincia autorizó y aprobó al guía de montaña sus travesías, pero los identificados como mapuches les exigían ese canon.

“Son posturas diferentes. En ese caso no están reconociendo a la nación Argentina. Nuestro pueblo ranquel ha reconocido y apoyado al Estado argentino desde siempre y sin embargo nunca hemos tenido un reconocimiento. En los cargos nacionales siempre hay un mapuche”, compara. Es un tema complejo para el prejuicio blanco. Según el estudio de adn realizado por especialistas de la UBA, el 56 por ciento de los argentinos tienen sangre india.

Cuestión de linaje

“En el pueblo ranquel elegían el lonko por capacidad y experiencia, un linaje sujeto a la capacidad,  no como en otros pueblos donde la autoridad se hereda. Hoy, igual que hace dos siglos, si el hijo de un lonko no estaba capacitado, se elegía al mejor, sea hijo mayor, primo o amigo. Al que sirve.”, resume María Inés.

Se ríe y con sorna conwwwa que el rol de la mujer en las tolderías es igual que el que ocupa ahora. Y lo dice sin ruborizarse, ella que estudió en la universidad. La cronista anota, subraya y se ríe con ganas, también. Otra que la liberación femenina. Escuelas bilingües en territorio pampeano, investigaciones históricas de la Universidad local y de Quilmes profundizaron los puntos oscuros del pueblo ranquel en este suelo. “Seguimos siendo sujeto de estudio y no objeto de derecho, que es lo que queremos”, reclama. Ahora conduce a El Federal hacia otro lugar  para mostrar cómo vivían hace dos siglos los ranqueles: una auténtica toldería, un corral de palo a pique y una enramada. Nada más. A los chicos de las escuelas que cada mes visitan el Centro, les van narrando la historia. Un niño la vio hablando por celular y la increpó. “Como los obispos y las monjas llevan ropas del medioevo, algunos piensan que tendríamos que andar con ponchos hoy en día”.

Lejos de las novelas y con los pies en la tierra, la claridad de su historia es parte del mundo cultural que propone conocer el Cicor en La Pampa. Y de cara al futuro inmediato, todos miran adelante cuando logren hacer la ceremonia de homenaje a su padre, el lonko Germán Canuhe, quien falleció hace muy poquito. Comunidades de todo el país llegarán a suelo pampeano para despedirlo con honores y aplausos. Aldana se saca las botas, quita la montura del lomo, pega un salto y se monta en su yegua. Se abraza del cuello del animal y dispara.  La ráfaga suelta una brisa. La sangre ranquel de las nuevas generaciones reclama sus derechos y el viento va en su voz.