Nombrado vulgarmente por las comunidades andinas como ‘chilto’ (Solanum betaceum) y también conocido como tomate de árbol, este fruto despertó el interés de un grupo de investigadores del CONICET en el Instituto de Química del Noroeste Argentino (INQUINOA, CONICET-UNT).

De aspecto similar al de un tomate perita, de color anaranjado y con un sabor particular más ácido, en Argentina es mayormente conocido por pobladores de las Yungas de Tucumán, Salta y Jujuy pero desconocido regionalmente de forma masiva.

El equipo de investigadores, dirigido por María Inés Isla, fue galardonado con el Premio ARCOR a la Innovación, Edición 2015. “Trabajamos con frutos nativos de la región del Noroeste argentino desde hace más de diez años. Estudiamos frutos secos, como algarrobo, mistol y chañar, y frutos carnosos, entre los que se encuentra el chilto. Analizamos las propiedades nutricionales y funcionales: el contenido de macro y micronutrientes, vitaminas y fitoquímicos -metabolitos con propiedades biológicas de los que el chilto tiene alto contenido. Estos últimos son compuestos fenólicos y carotenoides, con actividad antioxidante y antiinflamatoria, explica Isla.

Este fruto crece naturalmente en el sotobosque de las Yungas. La investigadora aclara que en el NOA existen cuatro variedades que se diferencian por la coloración y el tamaño de los frutos. Los científicos del INQUINOA analizaron la variedad anaranjada que crece en Tucumán pero piensan avanzar en el conocimiento de otras variedades rojizas y violáceas que se encuentran en Salta y Jujuy probablemente con componentes funcionales diferentes. En el marco de este proyecto, el estudio de los diferentes genotipos busca seleccionar la variedad con mejores propiedades para su uso como alimento funcional.

El chilto está incluido en el Código Alimentario Argentino como fruto fresco y se lo consume de esta manera, sin embargo es un fruto versátil con potencial para la elaboración de productos derivados como mermeladas, jugos, licores, escabeches, entre otros. Isla advierte que también evaluaron a nivel de laboratorio la estabilidad de sus propiedades funcionales y nutricionales en productos elaborados y llegaron a la conclusión de que los fitoquímicos continúan activos en ellos.

La Dirección de Bosques de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación a través del Programa de Productos Forestales No Maderables busca incentivar a los pequeños productores a cultivar especies como el chilto para mejorar las economías regionales. En el marco de ese programa se organizan talleres en los que participan representantes de los gobiernos de las provincias del NOA, investigadores que estudian la especie, productores y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que está trabajando en el desarrollo de un Protocolo de Clasificación de Frutos para seleccionar en base al tamaño, coloración y a las propiedades nutricionales y funcionales, el momento apropiado para realizar la cosecha de los frutos”, aclara la investigadora.

Fuente: CONICET