China va a cerrar este año más de 1.000 minas de carbón obsoletas, con una producción total de 60 millones de toneladas, según anunció la Administración Nacional de Energía del país con más emisiones de gases de efecto invernadero del mundo, y se detendrán las aprobaciones de nuevas minas de carbón durante los próximos 3 años.

La idea es reducir el porcentaje de carbón del total de energía del país y aumentar las fuentes de energía alternativas y, por otra parte, mejorar el transporte de la energía hidráulica, eólica y solar para evitar desperdicios.

El país asiático intenta reducir su dependencia del carbón, lo que llevó el pasado septiembre a que la mayor productora de carbón del noreste de China, Heilongjiang Longmay, anunciara el recorte de su plantilla en 100.000 empleados.

Desde la caída de precios del carbón iniciada en 2012, la minera ha sufrido problemas económicos, que en 2014, tras iniciales despidos de miles de empleados y programas de reestructuración, aún arrojaron pérdidas de 5.000 millones de yuanes (815 millones de dólares).

Además, la quema de carbón es uno de los principales causantes de los altos niveles de contaminación que afectan a gran parte de China, y ciudades como Pekín se han marcado el objetivo de clausurar todas las calderas alimentadas por carbón en la ciudad para 2020.

La inseguridad en algunas minas es otra de las críticas frecuentes, con 171 fallecidos en accidentes en 45 minas de carbón el pasado año, según cifras de la Administración Nacional de Energía. Un informe de la Cámara de Comercio de la UE alertó que las medidas del Gobierno chino han propiciado una expansión de la capacidad industrial del país desconectada de la demanda real del mercado.