Dentro de una quebrada y a pocos kilómetros de Chilecito (La Rioja) se encuentra el Jardín Botánico Chirau Mita, el cacterio más importante de toda Latinoamérica, con 60 especies autóctonas de la región y cientos de todas partes del mundo, poco conocido, éste el mayor cactario de esta parte del planeta. Allí donde parece que nada puede vivir, estas plantas con espinas y pelusas sobreviven y encuentran el lugar ideal para que la naturaleza les de todo el encanto.

En Chirau Mita las espinas dominan la escena, los cactus y suculentas mezclan sus tonalidades y colores cálidos se funden en caprichosas formas hasta llegar a tonos rojizos y platinados. De todas las especies, los cactus, son plantas que irradian un silencio especial. Al estar frente a ellas se tiene la sensación de estar ante una especie vegetal paciente que en su quietud habla.

Las cactáceas son una familia de plantas suculentas, en su mayoria espinosas conocidas como cactos o cactus y son originarias de América. Los botánicos piensan que la colonización en Europa por esta especie es muy reciente, incluso algunos cientos de años. Hay una teoría que postula que las semillas pudieron viajar en los sistemas digestivos de las aves o adheridas en troncos impulsados por corrientes marinas.

El exterior punzante del cactus se equilibra con flores de colores puros, casi siempre hermofroditas. Este cactario es un espectáculo único para los sentidos, saliendo de Chilecito se llega a al pueblo La Puntilla, y de aquí hay que seguir por un sinuoso camino que asciende por las sierras de El Paimán. La aridez del ambiente es notable, las montañas no registran la presencia de plantas ni de ningún ser vivo hasta que se ven terrazas que semejan las construcciones incaicas: se está en las puertas del Jardín Botánica Chirau Mita.

Sobre estas terrazas viven en el mejor ecostistema posible, 1500 especies de cactus. Las terrazas no son un elemento decorativo, sino que sirven para aprovechar todo el sol que baña estas antiquísimas montañas. El viento huele a tiempo aquí.

La escasa humedad del clima riojano hace que estas suculentas crezcan, se pueden ver desde los altos cardones que se muestran en el noroeste hasta el ágave. A las especies autóctonas hay que sumarles otras de México, Estados Unidos, África, Cuba, Ecuador y Brasil.

Pensábamos que era un espacio necesario, por el lugar donde vivíamos y por la historia del país, porque el cactus es endémico del continente Americano y acá en Latinoamérica no había un lugar así“, comenta la dueña y creadora del Jardín, Patricia Granillo. De entre todas las especias hay una que es la mimada del complejo, se trata de un ejemplar de Welwetsia Mirabilis,  que habita nuestro planeta 4.000 años, se la encuentra en territorios donde hay sequía.

Otra rareza es la Sifotema Jutae, oriunda de África, que según dijo Granillo es “prima hermana de la vid y da unas uvas tóxicas, lo cual nos indica que la uva es un cultígeno, mejorada genéticamente por el hombre, como la papa”.

Chirau Mita abrió sus puertas en el 2003, junto a Patricia está su esposo Sebastián Carod, ambos se dedican a los cactus desde hace muchos años, en el caso de Patricia, desde niña. Todas las plantas aquí fueron plantadas por ella, y aquellos que no, han crecido por el especial cuidado del matrimonio y sus terrazas, ya que cada especie requiere una cantidad específica de luz y humedad.

La importancia de este Jardín Botánico es trascendental, lo que lo convierte en un lugar único para visitar. “En México hay sólo algunos pequeños jardines botánicos, pero sólo de plantas de lo que hay en los alrededores, no de otros lugares”.

Recibe visitas todo el año. Llegan hasta aquí turistas que cruzan por la ruta 40 que pasa por Chilecito y hacen una parada para conocer este laberinto de plantas particulares. En el mismo Jardín también funciona Museo Arqueológico de las Culturas, donde se exponen piezas de las culturas ayampitin, aguada, diaguita, inca y Belén, además de unos huevos de dinosaurios hallados en la zona.

“Vienen también especialistas o coleccionistas de todos los continentes, interesados en conocer algunas especies y en saber cómo conservarlas”, agrega Patricia, quien a raiz por el amor que le tiene a estas plantas espinosas: “Nunca pude armar para mis hijos una fiesta con globos“.