Se trata del primer conteo, todo es muy preliminar, pero evidencia una buena presencia que irá creciendo con el paso de los días“, indicó Enrique Crespo, responsable del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Cenpat, organismo dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones (Conicet).

En los sobrevuelos se censaron 171 machos solitarios, cuatro en grupo de cópula, y de manera dispersa 63 madres con sus 63 crías recién nacidas.

Las primeros ejemplares de ballena franca austral comenzaron a divisarse sobre fines de mayo, lo que permitió habilitar la temporada de avistajes con fines turísticos desde el 15 de junio.

Las ballenas francas australes arriban cada año a las costas de Península Valdés para cumplir con un nuevo ciclo de reproducción: hembras que dan a luz a sus crías, hembras y machos adultos que llegan para aparearse, juveniles que socializan y otras hembras adultas que traen consigo a la cría para su destete.

El accidente geográfico que se distingue en el mapa como “hongo que se introduce en el mar” adopta la forma que le dan los golfos San José (norte) y Nuevo (sur) en medio de un complejo de caletas, rías y acantilados pulidos por el mar que fue declarado por las Naciones Unidas como Patrimonio de la Humanidad.

En el espacio de Península Valdés y su “zona de amortiguación” que llega hasta la desembocadura del río Chubut por el sur y el golfo San Matías por el norte, se llegaron a contabilizar en las últimas temporadas alrededor de 1700 ejemplares, frente a los poco más de 700 que se observaban en la década del 90.

Los especialistas estiman que la mayor presencia de ejemplares tiene directa relación con las políticas de preservación de la especie que está volviendo a ocupar el mismo territorio que tenía antes y que se fue reduciendo en la medida que se achicó la población.

Ahora se observan ballenas en una cobertura mucho mayor que la Península Valdés, porque hay ejemplares desde Bahía Engaño (a la altura de Rawson) hasta la zona del golfo San Matías, en el sureste de Río Negro“, detalló Crespo.