Fotos Marcelo Arias

No hay viento y el sol da el calor que niega el otoño. Ladra una border colie y una caniche agita sus rulos. Hay un concierto de pájaros en los árboles; álamos ocres recortados en un cielo azul al que un pintor termina de darle la última estocada. Hay ovejas recién esquiladas buscando comida y hay vacas bebiendo agua de las ondulaciones del terreno que la intensa lluvia convirtió en bebederos. Y hay un productor que dio un paso que casi nadie se anima a dar: saltó la tranquera de la producción y vende las vacas que engorda.

Se llama Hernán Barragán este ganadero de 28 de Julio, una localidad ubicada a 40 kilómetros de Trelew, en un valle bendecido por la mano galesa que cuadriculó este pueblo de 1000 habitantes para convertirlo en un vergel dotado de una potencia productiva que empieza a estar explotada al máximo a partir del trabajo de los productores en conjunto con el municipio local y la cooperativa Coopalfa, que inauguró en abril pasado una planta propia de alimentos balanceados.

Este productor de 37 años trae los animales de más al sur: desde marzo y hasta septiembre compra terneros mamones en Chos Malal, al norte de Neuquén, para luego distinguirse por algo: los engorda a campo, con pasturas implantadas y algunas naturales, hasta que pesan 280/300 kilos, tras ocho meses en potrero. Los animales llegan con 180 kilos y ganan 1,5 kilos de peso por día. Después los termina a corral. Cuando se acercan a los 400 kilos, los manda al matadero local, gracias al cual puede seguir haciendo girar la rueda de su negocio, pues él mismo es quien desde hace ocho meses distribuye su producto en las carnicerías.

“Cuando les llevo ganado criado a campo, que come sólo pasturas, los carniceros me dicen que la gente no les quiere comprar la carne porque ven la grasa amarilla. ´Traeme carne con grasa blanca, bien blanca, porque si no nadie me la compra´”, dice que le dicen a Hernán cuando les baja la media res que cría con pasturas propias en su campo de 28 de Julio. Entonces es fácil adivinar que no se trata de que el productor imponga su modo de trabajo, sino de que el consumidor, falto de educación, compra con los ojos antes que con el saber: los animales criados a campo tienen una ventaja organoléptica respecto de los criados en un feed lot.

“Los números del engorde no terminaban de cerrar y entonces fui buscando un valor agregado, por eso nos diversificamos en la comercialización. Además, tenemos una visión amplia de la producción porque tenemos una cooperativa que produce alimentos balanceados y eso a los productores nos da un empuje”, se envalentona. El mismo produce alfalfa, como casi todos los productores de la zona. Antes lo hacía con la incertidumbre de no saber qué hacer con esa pastura en caso de tener sobrantes para la venta. “Hoy sé que esa alfalfa me la compra la cooperativa. Eso hace todo más previsible”, cuenta.

Además de ser el productor hecho y derecho que es hoy, Hernán Barragán es un joven pujante que está forjado en acero. A los 12 años se fue de su casa, solo. Viajó al norte de mochilero y después recaló en la Patagonia ventosa y petrolera. A los 17 años volvió a este valle para quedarse; ya sabía manejar tractores, grúas y cualquier herramienta para trabajar en el campo. Se casó con Claudia y tuvo hijos. No le tiene miedo al trabajo: él mismo diseñó los moldes que ayer llenó de hormigón para hacer los comederos de cemento para sus animales. Todavía recuerda a su abuelo, productor de ovejas y de verduras, arriba del tordillo o juntando con él los tomates de la chacra. Hernán encarna la nueva generación de ganaderos de “28” como le dicen a esta localidad.     

Hernán también es síndico de la cooperativa Coopalfa, un grupo de 62 socios a quienes define así: “Gente con empuje, con ganas, que de a poco va llegando al productor. El tema es la cuestión cultural: los productores están acostumbrados a vender y a comprar de forma individual. Y tienen que saber que hoy hay una cooperativa que está abierta al productor, que los está esperando”, invita.

A partir de la inauguración que hicieron a fines de abril de la plata de alimentos balanceados de la cooperativa, los ganaderos quieren darle al negocio el recorrido completo: compran terneros para engordar, tienen quien les financie la comida y el matadero para faenar y vender la carne. “Apuntamos al mercado interno, pero queremos extendernos a Santa Cruz en principio. Queremos colocar carne de 28 de Julio en varios puntos. Es el sueño de la cooperativa. Además, desde el municipio y en estos dos últimos años se vieron más avances que en los últimos 20”, dice respecto de la gestión de Omar Burgoa, el jefe comunal local. “Estamos contentos, hay ganas de producir y es importante decir que no estamos solos”, dice Hernán.