Si bien la “estrella turística” de la comarca es la ballena franca austral, no se encuentra por estos meses debido a que ya emigró a mar abierto para cumplir con su ciclo biológico. Pero, para satisfacción de los turistas, ese espacio vacío fue cubierto por los delfines, que brincan sobre el espejo de agua, acompañan a las embarcaciones y se los puede ver en plena actividad de caza.

Los especialistas destacan que el “actor más popular del show” es el delfín oscuro o de Fitzroy que es divisado en grupos que van de ocho a quince ejemplares, aunque a veces suman cientos saltando en cercanía de las embarcaciones.

Hay otros, como los delfines comunes, que se asocian con los oscuros porque en conjunto ubican con más facilidad a los bancos de peces y cada tanto aparece algún delfín “nariz de botella”.

 

Todo este conjunto hace que la posibilidad de avistaje sea del 100%, es decir que siempre que las condiciones meteorológicas favorezcan la navegación y cierta quietud en el pelo de agua, está garantizada una danza de estos ejemplares alrededor de las embarcaciones.

Los delfines pueden ser observados casi todo el año en los alrededores de Península Valdés, pero entran a los golfos Nuevo y San José en mayor cantidad durante los meses de verano, entre enero y marzo, atraídos por los cardúmenes de anchoítas, que acostumbran a nadar en grupos de a cientos.

Este espectáculo suele ser complementado además por las aves marinas que aprovechan esa concentración de peces para alimentarse, por lo que es fácil detectar la presencia de delfines cuando se ve un gran alboroto de aves sobre una misma área.