El trabajo de una científica argentina fue elegido en el certamen Innovators Under 35 entre más de 3000 proyectos, por el jurado de la publicación MIT Technology Review perteneciente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Argentina, Bolivia, Brasil, Centroamérica, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay.

Con 32 años, Florencia Montini Ballarin trabaja en el Instituto de Investigación en Ciencia y Tecnología de los Materiales (INTEMA, CONICET-UNMdP) y creó un material biomédico con las mismas propiedades que los vasos sanguíneos.

Se trata de un trabajo de investigación titulado “Injertos vasculares de pequeño diámetro antitrombogénicos biomiméticos para cirugía de bypass coronario” que viene tomando forma desde hace casi 15 años, y que se centra en la generación de un conducto creado con un novedoso material biomimético con propiedades similares a la de los vasos sanguíneos, que no produce coágulos y es reabsorbible por el cuerpo. Estos materiales que imitan las propiedades naturales del cuerpo es una búsqueda científica de muchos años ya que los materiales artificiales para las técnicas quirúrgicas como el bypass suelen tener complicaciones ya que el cuerpo humano es incapaz de regenerarlos por no tener las mismas propiedades.

El nuevo material se compone de polímeros que se degradan sin toxicidad en el cuerpo humano, es decir que el tiempo de degradación es compatible con el tiempo de regeneración tisular, por lo que, una vez hecha la cirugía, el propio cuerpo terminaría reemplazando el conducto por tejido vascular nuevo.

La joven investigadora explica que: “La implementación exitosa de este proyecto genera un número de beneficios para la sociedad en general y el sector productivo porque permite el desarrollo de un injerto vascular para ingeniería de tejidos, que también puede adaptarse a otras aplicaciones clínicas además de bypass coronario como injertos de fístulas de diálisis arteriovenosa. También implica el desarrollo de una tecnología accesible para empresas biomédicas de pequeño y mediano tamaño con gran valor agregado y bajo nivel de producción, algo interesante en una economía de mercado como la nuestra”.

Asimismo, esta tecnología permite hacer accesible a los productores de dispositivos e implantes biomédicos, una tecnología avanzada para mejorar la capacidad innovativa y estructura productiva de sus empresas y contribuir al desarrollo de productos biomédicos nacionales de alta calidad que cumplan con la demanda del país y al mismo tiempo presenten oportunidad de exportación.

Según Montini, no existe ninguna alternativa sintética comercial con todas estas propiedades. Los que hay son más rígidos y generan complicaciones como trombos y rechazos. Para evitar el problema de la inducción de coágulos, la superficie del tubo creado por ella es tratada con heparina, y estudios in vitro han probado que esto disminuye la adhesión de las plaquetas, las células responsables de crear los tapones sanguíneos. El siguiente paso es comprobar todas estas características en ensayos in vivo.

“Este proyecto multidisciplinario, comenzó durante el desarrollo de mi tesis doctoral en la División Polímeros Biomédicos del INTEMA y continúo durante mi postdoctorado. En el mismo han colaborado varios investigadores del Instituto. La participación del Dr. Caracciolo fue clave en el proyecto porque él desarrolló uno de los materiales utilizados para producir el injerto vascular como parte de su tesis doctoral, y estuvo a cargo de la modificación superficial de los injertos vasculares para mejorar la anti-trombogeneicidad. Además, los doctores Gustavo Abraham y Patricia Frontini fueron mis directores de tesis y la Dra. Guadalupe Rivero colaboró en estudios de degradación”, indicó Florencia.