Científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) participaron de un hallazgo realizado en Brasil, por parte de investigadores de la Universidade Federal de São Carlos. Se trata de un nuevo género y especie de opilión (arácnidos similares a las arañas).

Los investigadores del CONICET corroboraron mediante análisis morfológicos y filogenéticos que pertenece a la misma familia que otra especie e opilión que se distribuye 1000 km al noreste.

Es el opilión Relictopiolus galadriel, y fue considerado como un troglobio, es decir una especie que habita exclusivamente en cuevas, y descripto como perteneciente a la familia Kimulidae. El hallazgo fue publicado en la revista científica PLOS ONE y se trata del registro más austral de esta familia de arácnidos, devenido ciego y descolorido durante su proceso adaptativo a la vida en las cavernas.

El ejemplar fue hallado por científicos especializados en el estudio de fauna de cavernas del Laboratorio de Estudios de Subterráneos de la Universidade Federal de São Carlos, en la cueva Olhos d’ Água, en el estado de Minas Gerais. Ellos recurrieron al Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” para su identificación donde el equipo de opiliones de la División de Aracnología, coordinado por Abel Pérez González, investigador adjunto del CONICET, fue el encargado de hacer los análisis morfológico y filogenético.

La idea era poder determinar si pertenecía a la misma familia -Kimulidae- que una especie de opilión encontrada en la zona nordeste de Brasil –Tegipiolus pachypus-. “Pudimos corroborar que nuestro troglobio pertenecía a la misma familia, con la sorpresa de que se ubican 1000 km al sur. Es el registro más austral de toda la familia”, explica Pérez González. Dentro de las conclusiones a las que arribaron en el trabajo es que la especie más norteña y esta nueva especie comparten un ancestro común que se encontraba muy difundido en el área que hace 40 millones de años era un bosque tropical muy tupido por el clima húmedo y cálido del periodo Eoceno (entre 55 a 33 millones de años atrás). “Es una evidencia más de que en la región neotropical había un bosque tropical húmedo a estas latitudes”.

Estos kimulidos ancestrales eran coloridos, tenían patas más cortas y parte de sus poblaciones frecuentaban las cavernas. “Los cambios climáticos a partir del Mioceno, hicieron más árido el exterior y provocaron la extinción de las poblaciones de afuera de la cueva –epígeas-, sin embargo, las que sobrevivieron en la caverna evolucionaron durante millones de años y dieron lugar a una especie perfectamente adaptada al medio subterráneo. “Durante este proceso evolutivo características morfológicas particulares fueron fijadas en la nueva especie, entre ellas la despigmentación, la pérdida total o parcial de los ojos, alargamiento de los apéndices y el aumento de las estructuras sensoriales”, detalla.

Los troglobios son especies que habitan y desarrollan completamente su ciclo exclusivamente en cuevas. Las cuevas, según las pondera el investigador, se constituyen como “verdaderos museos de biodiversidad”, al permitir la supervivencia de linajes antiguos hasta la actualidad. Los investigadores, en la misma publicación, instan a diagramar estrategias de conservación más activas, y de protección de estos espacios, para prevenir que se dañe el entorno ante la utilización de este tipo de lugares para turismo y actividades recreativas.

Durante su proceso de adaptación a la vida en la caverna estos animales perdieron su visión, con una desaparición de las estructuras oculares.