Se trata de una técnica basada en la inmovilización de especies de cobre sobre una superficie porosa formada por polímeros, con lo cual se constituye una especie de filtro o celda de flujo continuo.

Además de sales y arsénico, el agua de pozo puede tener Escherichia coli, un grupo de bacterias que se encuentra en el ambiente, los alimentos y los intestinos de las personas y los animales.

En el estudio, los investigadores pusieron agua de pozo contaminada con Escherichia coli en contacto con ese material, y midieron la carga microbiana antes y después de atravesarlo. “En algunos casos la reducción llegó a un 99%”, indicó María Belén González, investigadora del Instituto de Ingeniería Electroquímica y Corrosión (INIEC), en Bahía Blanca.

Si bien se probó en condiciones de laboratorio, pueden desarrollarse sistemas masivos de tratamiento de aguas residuales para proteger los ecosistemas y, por lo tanto, la salud humana y animal”, aclaró y dijo que “está previsto continuar con los ensayos, en particular vamos a intentar mejorar la herramienta probando la inmovilización de nanoparticulas de plata sobre la superficie porosa”, agregó.

Fuente: Agencia CyTA-Leloir