Los biólogos llevan mucho tiempo estudiando el ecosistema marino de las aguas argentinas del Canal Beagle, provincia de Tierra del Fuego, no se conoce con tanta profundidad el medio físico en el que estas especies viven. Y son los oceanógrafos quienes generan estos datos para el aprovechamiento de la Biología y la pesquería que se realiza en el área.

Jacobo Martín, investigador independiente del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), desde julio de 2014 sale a navegar cada dos semanas las aguas del Beagle para registrar los valores de salinidad, temperatura, profundidad y ventilación del agua en diferentes puntos. Es un proyecto a largo plazo que busca establecer líneas de base sobre las características físicas del agua del Canal y su funcionamiento fisicoquímico, lo que cobra un interés más amplio en un contexto de cambio climático y creciente presión de la acción del hombre sobre el ambiente.

“El desarrollo de los seres vivos se basa necesariamente en determinadas variables físicas que le sirven de contexto. Conocerlas en forma más precisa y completa, así como también los procesos de cambio que atraviesan, puede permitir entender mejor el comportamiento de los organismos acuáticos que habitan esas aguas” afirma Martín, quien dirige el Laboratorio de Oceanografía y Procesos Costeros del CADIC en el que trabaja junto a Gastón Kreps, profesional adjunto del Consejo.

A lo largo de su desarrollo vital y en cada ciclo anual, los peces y otras especies marinas buscan diferentes condiciones de temperatura, salinidad y oxígeno, y con ese objetivo se desplazan a través de los distintos niveles de profundidad y zonas dentro de un cuerpo de agua. Por eso, conocer la dinámica de las propiedades físicas del agua en el Canal Beagle puede contribuir a optimizar las investigaciones que se realizan sobre las especies que lo habitan, entender mejor el ambiente en el que viven y sus dinámicas de desplazamiento.

A lo largo de cerca de 100 kilómetros desde Ushuaia hasta la salida al Atlántico del Canal Beagle, el relieve submarino presenta cambios abruptos de profundidad que van desde pozos de 200 metros hasta bancos y pasos de escasa profundidad, junto a numerosos islas e islotes..

Según las observaciones de Martín, en base a los registros tomados hasta el momento, características como la salinidad y la temperatura del agua presentan significativas variaciones de acuerdo a la estación del año.

“Durante los meses de mayor calor se forma en el Canal una capa superior de agua dulce y cálida –y por ello relativamente liviana- por encima de otra más densa, con menor temperatura y mayor concentración de sal. La ruptura entre estas dos capas de agua de diferente densidad tiene un carácter abrupto y el límite que las separa recibe el nombre de picnoclina, la cual está íntimamente a la haloclina, frontera en la que las condiciones de salinidad cambian con celeridad”, explica el investigador. Con la llegada de las estaciones más frías esto se modifica y la columna de agua adquiere un perfil mucho más homogéneo.

Las mediciones se realizan con una sonda CTD – instrumento que tiene la capacidad de registrar datos cada 0,1 segundos. El nombre CTD se debe a las siglas en inglés de los tres parámetros fundamentales que mide: conductividad eléctrica –que es lo que permite inferir la salinidad- temperatura y profundidad.

“Además esta sonda CTD toma datos del nivel de oxígeno y de turbidez y nos da información sobre la cantidad de microalgas fotosintéticas presentes en el agua al medir la concentración de clorofila”, informa Kreps. Estas microalgas constituyen el primer eslabón de la cadena trófica o alimenticia, por lo que es esperable que donde abunden existan ricos ecosistemas, incluyendo especies de interés comercial..

Martín destaca la importancia de que el relevamiento de todos estos datos continúe de cara al futuro y no se agote en un proyecto de sólo algunos años de duración, principalmente teniendo en cuenta el contexto de cambio climático y calentamiento global que necesariamente tendrán efectos a nivel ecosistémico: “No queremos restringir estas mediciones a un ciclo corto de tiempo. Para entender cómo cambian las condiciones del océano a largo plazo y distinguirlas de la variabilidad interanual es imprescindible continuar tomándolas durante muchos años. Una serie temporal de datos plurianual vale oro”, concluye.