Hablar de costa no es solo referirse a la orilla del mar: un “ecosistema costero” tiene componentes del ecosistema marino y también del ecosistema terrestre y puede comprender desde cuencas hidrográficas hasta dunas, pastizales, lagunas, humedales, mares y océanos.

Por su complejidad, un grupo de 150 científicos de diversas disciplinas, nucleados en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC) -que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de Mar del Pata (UNMdP)- están involucrados desde hace dos años en un Proyecto de Unidad Ejecutora para investigar cómo funciona ese enorme cúmulo de paisajes de la interface mar-tierra.

El monitoreo de los denominados ecosistemas costeros marinos tiene una duración prevista de cinco años y los resultados científicos pretenden servir como insumo para las autoridades de aplicación encargadas de tomar decisiones sobre estos ambientes.

El estudio multidisciplinario, que se realiza en cinco áreas de estudio de la Provincia de Buenos Aires, estudia los efectos del cambio global en la biodiversidad y cómo funcionan y reaccionan los ecosistemas ante el impacto del hombre. “Como investigadores, algunos trabajamos con plantas, otros con peces y microorganismos, otros en contaminantes y procesos geomorfológicos, entre otro temas. La idea es que en conjunto todos pensemos y estudiemos el funcionamiento del ambiente costero”, señaló Juan Pablo Isacch, biólogo del CONICET que estudia el comportamiento de aves en ambientes costeros y pastizales. “En el grupo de vertebrados en el que trabajo tratamos de entender cómo las aves pueden explicar los cambios producidos por el hombre –el avance de la frontera agrícola, el avance de la urbanización, la contaminación y también el cambio climático-. Estudiamos las aves como indicadoras de esos cambios. La idea final siempre es generar políticas para mejorar el manejo de esos ambientes que estudiamos”.

El IIMyC, que nuclea a los investigadores que forman parte de este Proyecto de Unidad Ejecutora, es un instituto conformado principalmente por biólogos y geólogos focalizados en el ambiente marino costero. Para Isacch, el Proyecto de Unidad Ejecutora “es una buena excusa para trabajar en forma conjunta entre diferentes especialidades. Queremos generar una base de datos común para abarcar una diversidad de temas y contribuir a comprender el funcionamiento de los ecosistemas y mejorar su manejo”.

Sofía Copello, investigadora del CONICET del IIMyC especializada en ecología espacial de aves marinas, trabaja dentro del IIMyC trabajo en el grupo de investigación de vertebrados. “Nuestro trabajo permite delimitar áreas de importancia para estas aves, y los resultados obtenidos sirven como insumos para que diferentes organismos –municipios, organismos gubernamentales como la OPDS, etc.- puedan utilizar esa información para el desarrollo de estrategias de manejo y conservación”, apunta.

En el Proyecto de unidad Ejecutora, los investigadores del IIMyC monitorean sobre temáticas diversas: estudian parásitos en peces, cobertura de vegetación, diferentes contaminantes en sustratos como agua, sedimento e incluso en organismos, también relevan la basura, la biodiversidad de plantas, de peces, de aves y de invertebrados. “El trabajo interdisciplinario enriquece, permite salirse del foco individual y tener una mirada más amplia, además de interactuar con otros investigadores y sus experiencias”, asegura Copello. “En este caso vamos a poner especial atención en divulgar los resultados en un lenguaje accesible. Esperamos que este proyecto tenga un impacto local y que las instituciones utilicen la información que vamos a generar”.

Fuente: CONICET